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	<title>rollinga &#187; Libro</title>
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	<description>Otro blog más de WordPress</description>
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		<title>La locura que desarmó a Nina Simone</title>
		<link>http://www.rollinga.cl/2012/03/biografia-de-nina-simone-expone-los-problemas-del-caracter-de-la-diva-del-jazz/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 15:44:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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El libro, “La vida a muerte de Nina Simone”, revela su decidido apoyo a la comunidad negra, pero también la fría relación con su única hija.
por Felipe Rodríguez
Fue el primer indicio de su identificación con la comunidad negra. Eunice Waymon –más tarde, Nina Simone- tenía diez años y una habilidad inusual: ser un prodigio en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #808000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8386" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2012/03/ninainterior.jpg" alt="" width="450" height="293" /></span></strong></p>
<p><strong><span style="color: #808000;">El libro, “La vida a muerte de Nina Simone”, revela su decidido apoyo a la comunidad negra, pero también la fría relación con su única hija.</span></strong></p>
<h5><strong><span style="color: #808000;">por Felipe Rodríguez</span></strong></h5>
<p>Fue el primer indicio de su identificación con la comunidad negra. Eunice Waymon –más tarde, Nina Simone- tenía diez años y una habilidad inusual: ser un prodigio en el piano. Una tarde, durante un recital patrocinado por su profesor, supo que una pareja blanca había exigido los asientos que eran para sus padres. Al enterarse, montó en cólera y se negó a tocar. Sus alaridos fueron efectivos: su familia recuperó las butacas.</p>
<p>Nacida en 1933 en Tryon, una pequeña localidad cercana a Carolina del Norte, Simone estaba, según la biografía “La vida a muerte de Nina Simone” de David Brun-Lambert, destinada a romper todos los récords. A los dos años y medio, aprendió a tocar un tema en un órgano y a los seis, interpretaba canciones en una iglesia liderada por su madre. Ese talento innato fue reconocido por su comunidad: en su juventud, su congregación reunió dinero para que estudiara en un conservatorio de Filadelfia. Tras el examen, fue rechazada y tuvo una visión: la negativa se debió a su color de piel.</p>
<p>Frustrada, inició una nueva vida. Se empleó en Nueva York en trabajos de mísero sueldo y viajó hasta Atlantic City. En esa ciudad encontró su destino. Ofició como pianista de un bar y, a los pocos meses, estaba cantando. Allí nació Nina Simone. Nina porque un novio italiano la llamaba “niña” y Simone en homenaje a la actriz francesa Simone Signoret. Cuando su madre se enteró de su nuevo trabajo, le quitó el saludo. No podía entender que su hija estuviera interpretando “música diabólica”, en alusión al jazz.</p>
<p>Brun-Lambert describe su personalidad como volátil y paranoica. Era capaz de viajar cientos de kilómetros en actos de apoyo a los negros -comparaban su trascendencia con Martin Luther King y Malcom X-, pero demostraba avaricia en el pago a sus músicos. Su desorden mental era reconocido. Una vez, poco antes de una actuación, salió a arengar a la audiencia. Minutos después, se negaba a salir al escenario: tenía miedo del público. Los abusos de alcohol también le jugaron en contra. Borracha, peleaba con su marido y manager, Andy Stroud, y nunca le interesó su única hija. No la saludaba en sus cumpleaños ni la llamaba cuando estaba de gira.</p>
<p>Sus estadías en varios lugares del mundo eran otro síntoma de que Simone siempre intentaba escapar. Pero también fue profética. En una entrevista, dijo que esperaba morir a los 70 años. “En adelante, la vida se transforma en un dolor eterno”, manifestó. Cumplió su promesa. Murió a esa edad, en Francia, mientras dormía. La diva del jazz era una leyenda.</p>
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		<title>Una joya de Raymond Carver</title>
		<link>http://www.rollinga.cl/2011/10/una-joya-de-raymond-carver/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Oct 2011 15:12:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
&#8220;¿Quieres hacer el favor de callarte por favor?&#8221; fue el primer libro de cuentos de Raymond Carver, uno de los mejores escritores estadounidenses del siglo XX. Sindicado como principal exponente del realismo sucio, sus historias sirven de aceitada plataforma para retratar la crudeza de la miseria social estadounidense. Un imprescindible.
por Andrés Cárdenas
Abandonarse a un cuento es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #5ba0a4;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8215" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2011/10/carverinterior.jpg" alt="" width="450" height="454" /></span></p>
<p><span style="color: #5ba0a4;">&#8220;¿Quieres hacer el favor de callarte por favor?&#8221; fue el primer libro de cuentos de Raymond Carver, uno de los mejores escritores estadounidenses del siglo XX. Sindicado como principal exponente del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_sucio" target="_blank">realismo sucio</a>, sus historias sirven de aceitada plataforma para retratar la crudeza de la miseria social estadounidense. Un imprescindible.</span></p>
<h5><span style="color: #5ba0a4;"><a href="http://www.carversite.com/" target="_blank">por Andrés Cárdenas</a></span></h5>
<p>Abandonarse a un cuento es como tratar de comprender una guerra apareciendo en campo de batalla sin armamento y siendo arrebatado a los pocos instantes. Es mirar por una rendija, escuchar con la oreja pegada a la puerta, quedarnos con el fantasma. Escasos segundos, apenas una decena de párrafos que lanzan la cantidad de tinta estrictamente necesaria para que lo figurativo quede a merced del receptor. Tenemos que dotar de significado a ese mínimo encuentro. Memoria emotiva, construcción de escenarios, abstracción de la humanidad en dos o tres personajes. Cualquiera de esas tres opciones sirve para hacer expandir la literatura sugerente de <a href="http://www.carversite.com/" target="_blank">Raymond Carver</a> y no quedarse con la impresión de una no-historia. Anuncio la parcialidad de estas líneas, fruto de leer su primera recopilación de relatos cortos ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y tener todavía sus cuentos en mi retina.</p>
<p>Voy a obviar la problemática de la injerencia del editor de Carver, Gordon Lish, en sus primeros textos. Me ciño inevitablemente a la traducción que nos ha sido dada. Generalmente se encasilla al escritor norteamericano nacido en 1938 dentro del minimalismo y del realismo sucio. No importa cómo se llame la categoría, lo que pasa es que con una economía austera en palabras, con la descripción justa de eso que se nos hace tan cotidiano y pequeño, tan aliterario, evoca situaciones que nos dejan desolados. Personajes que cargan con el fardo de la soledad de aquel que se considera arrojado al mundo por azar y no encuentra su redención en esas mismas banalidades. “La desesperación es la convicción de haber perdido para siempre todo amor; el horror de la total soledad”, lo dijo un teólogo contemporáneo. Personajes que, habiendo descubierto la precariedad humana, no saben qué esperar. Los oprime la realidad y no saben cómo escapar.</p>
<p>Sobre todo pienso en cinco de los veintidós cuentos. En Al, el personaje principal de “Jerry, Molly y Sam”, que no sabe cómo rehacer su vida golpeada económicamente y, sobre todo, involucrado en un affair. Quiere salir, y considera que el primer paso es deshacerse de la mascota de su casa. Pienso en “La esposa del estudiante” donde están Nan y Mike, casados, conversando en la noche en su cama antes de dormir. Él se duerme y ella termina llorando sin saber qué llora ni por qué pide ayuda a un Dios en el que no cree. Pienso en “¿Qué hace usted en San Francisco?”, en “¿Por qué cariño?” y en el que da nombre al libro. Es interesante saber que Carver publicó esta recopilación durante la época más complicada de su vida: cuando recién había abandonado el alcoholismo, salía de un fracaso matrimonial y se había declarado insolvente. Supuso su consagración inmediata y marca el inicio de la década que tuvo para escribir antes de morir de cáncer a los 50 años.</p>
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		<title>Un clásico de todos los tiempos: &#8220;Firmin&#8221;, de Sam Savage</title>
		<link>http://www.rollinga.cl/2011/10/un-clasico-de-todos-los-tiempos-firmin-de-sam-savage/</link>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 22:37:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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Una rata que comía papel y su elección por la soledad traen de vuelta un tipo de literatura más cercana a la fábula que al realismo sofocante que a veces inunda las críticas literarias. Aquí recomendamos volver a Firmin, del maestro Sam Savage.
por Andrés Cárdenas Matute
Frase cliché: “Profundamente conmovedora y una gran metáfora de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-8186" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2011/10/firmininterior.jpg" alt="" width="435" height="510" /></p>
<p><span style="color: #589ba6;">Una rata que comía papel y su elección por la soledad traen de vuelta un tipo de literatura más cercana a la fábula que al realismo sofocante que a veces inunda las críticas literarias. Aquí recomendamos volver a Firmin, del maestro Sam Savage.</span></p>
<h5><span style="color: #589ba6;"><a href="http://twitter.com/andrescardenasm" target="_blank">por Andrés Cárdenas Matute</a></span></h5>
<p>Frase cliché: “Profundamente conmovedora y una gran metáfora de la condición humana”. Aparece casi siempre al final de las críticas o comentarios literarios y tiene dos características: 1) versatilidad, ya que es aplicada igualmente a clásicos como a desperdicios posmodernos, y 2) pomposidad, ya que para el lector apresurado aparece como erudita y sensible. Revisando textos secundarios sobre la novela Firmin del norteamericano Sam Savage, la combinación aparece constantemente, sobre todo en blogs. Y pienso que la espiral del silencio tiene su versión ascendente en la espiral del post: veo lo que otros dicen, leo, repito. Así, parecería que todo lo que se escribe es profundamente conmovedor y una metáfora de la condición humana. Es cuando el mundo empieza a perder el sentido.</p>
<p>“Yo nací, fui acogido y me amamantaron en el armazón deshojado de la obra maestra menos leída del mundo”, dice Firmin, refiriéndose a Finnegans Wake de Joyce. Se trata de una rata que de tanto alimentarse de papel –vivía en una librería en Boston– aprendió a leer y padeció una especie de adicción-amor por los libros. Lo leía todo: historia, medicina, literatura, psicología, religión, etc. Se desarrolló interiormente como humano, atrapado en un cuerpo diminuto, repugnante y sin barbilla. Primero vivió clandestinamente junto a Norman, el librero, para después hacerlo oficialmente con Jerry, un escritor bohemio y fracasado en cuya descripción –incluso física– calza cómodamente el propio Savage.</p>
<p>La novela explota algunos tópicos que seducen al lector primerizo que se quiere sentir lector: la literatura como causa de aislamiento, soledad y melancolía, frutos de una extraña superioridad moral; la lujuria como desfogue de esa combinación que hace del escritor un desterrado e incomprendido; el desprecio por los “escritores burgueses”; y citas, muchas citas. Desde que anotar las referencias culturales hizo que las generaciones google admiren a un escritor, desde que enumerar lo que he leído, oído y visto se convirtió en escribir una novela, las editoriales no fallan. Cientos de citas tomadas de libros, películas y canciones que hacen que el receptor se sienta poseedor de un amplio acervo cultural. Pero la buena historia brilla por su ausencia.</p>
<p>Comparar esta obra con lo que escribe Cormac McCarthy –para nombrar un compatriota coetáneo– es un despropósito. Pero los admiradores de Firmin pueden estar tranquilos: comparten equipo con Rosa Montero, Rodrigo Fresán y otros célebres para quienes, según sus frases recogidas en la contraportada, estamos ante un “disparo al corazón” y ante “sombras de Dostoievski”. Yo del centenar de citas rescaté a Fred Astaire, Cole Porter y Gershwin. Y ahí termina mi experiencia con Savage.</p>
<p><span style="color: #4faab0;">*Este libro está disponible en Chile bajo el sello Seix Barral.</span></p>
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		<title>Las lecciones de Iréne Nemirovski</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2011 16:36:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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Némirovsky escribió esta novela (El baile) con tintes autobiográficos cuando tenía tan solo 25 años. Aún no se le rechazaba su petición de nacionalización francesa por ser judía, ni huía a refugiarse con su familia, ni era deportada a Auschwitz. Habrá que leer lo que sus hijas han logrado rescatar de lo que produjo hasta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #50a9af;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8069" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2011/07/ireneinterior.jpg" alt="" width="450" height="297" /></span></p>
<p><span style="color: #50a9af;">Némirovsky escribió esta novela (El baile) con tintes autobiográficos cuando tenía tan solo 25 años. Aún no se le rechazaba su petición de nacionalización francesa por ser judía, ni huía a refugiarse con su familia, ni era deportada a Auschwitz. Habrá que leer lo que sus hijas han logrado rescatar de lo que produjo hasta sus 39 años.</span></p>
<p>No sé si hay algo más lamentable que la conducta movida únicamente por el reconocimiento social. Por lo que digan las tías o por la imagen proyectada. Hay razones miserables y microscópicas para actuar, pero una de las más tristes es la legitimación dentro de un grupo socioeconómico, sea la burguesía parisina de inicios del siglo XX o la aristocracia santiaguina del 2011. El querer ser aceptado por el clan exclusivo. Ese de apellidos angloeuropeos, clubes, pelos teñidos y universidades caras. Todo lo que detestaba Holden Cauldfield. Vivir con las máscaras de Anonymous y decorado faraónico pero tener las entrañas apolilladas. Vivir para cumplir la función de un infocus.</p>
<p>Hay que instalar a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ir%C3%A8ne_N%C3%A9mirovsky" target="_blank">Irène Némirovsky</a>. Me lo dijo el responsable del 90% de lo valioso que he leído. Entré a la biblioteca de la universidad y me encuentro con algunas decenas de la novela –cuento largo– El baile. Sus noventa páginas funcionaron como combustible para sacar mi cédula y entrar dando un portazo a la millonaria casa de los Kampf. Esos nuevos ricos que, con la apoteosis mundana de ofrecer una fiesta, querían que sus invitados los vean. Que avalúen sus muebles. Que analicen sus vestidos y joyas. Que hagan cuentas de los gastos del evento y se convenzan que definitivamente han llegado. Son nuestros.</p>
<p>Sin embargo, la dinámica y la concentración emotiva del relato están en su única hija Antoinette. Una adolescente de 14 años que sueña con estar enamorada y vive un constante abandono de su frívola e insensata madre. Esta se despreocupa de la formación de su hija y la llena de prohibiciones porque “ahora quiero vivir yo”. Se convierte en su enemiga, lo que al final de esta novela lineal y simple de estructura, le resulta caro, sobre todo tratándose de una mujer cuya felicidad estaba medida por el número de invitados asistentes al evento. Es una de esas mamás que viven su segunda adolescencia, adictas a los tés de señoras y al gimnasio. De esas que ya no están adscritas al club de los hijos lo primero, aunque con algunos dólares y paseos se convenzan de lo contrario. De esas que creen que la única necesidad de su hija es una pareja con buen apellido, con pedigree. Felizmente Antoinette llega a experimentar vergüenza por el miedo que tenía hacia sus padres y se encamina hacia una solución muy de adolescente: destruir, correr, llorar. Y con su incipiente feminidad a flor de piel termina poniendo en una balanza el maldito baile vedado frente al amor y la muerte.</p>
<p>Némirovsky escribió esta novela con tintes autobiográficos cuando tenía tan solo 25 años. Aún no se le rechazaba su petición de nacionalización francesa por ser judía, ni huía a refugiarse con su familia, ni era deportada a Auschwitz. Habrá que leer lo que sus hijas han logrado rescatar de lo que produjo hasta sus 39 años. <strong><em>(<a href="http://twitter.com/#!/andrescardenasm" target="_blank">Andrés Cárdenas Matute</a>)</em></strong></p>
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		<title>Lo nuevo de Piglia</title>
		<link>http://www.rollinga.cl/2010/12/lo-nuevo-de-piglia/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Dec 2010 02:46:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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Blanco Nocturno es el nombre de la última novela del argentino Ricardo Piglia, trascurre en la Argentina de 1972 en la antesala del peronismo.
El argentino Ricardo Piglia hablaba sobre el lector, y dijo una de las frases más elegantes que he oído de boca de un escritor: &#8220;Tendría uno que ser como Riquelme: él puede [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7477" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/12/pigliainterior.jpg" alt="" width="450" height="293" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">Blanco Nocturno es el nombre de la última novela del argentino Ricardo Piglia, trascurre en la Argentina de 1972 en la antesala del peronismo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El argentino Ricardo Piglia hablaba sobre el lector, y dijo una de las frases más elegantes que he oído de boca de un escritor: &#8220;Tendría uno que ser como Riquelme: él puede cambiar el ritmo, poner una pausa al tiempo. Y el libro propone una pausa. La defensa del libro (más allá de tipo de soporte) es la defensa de una temporalidad específica&#8221;. No importa si es en Tablet, iPad, iPhone o i-lo-que-sea, ni tampoco la velocidad que logren alcanzar las comunicaciones. No importa si están últimos en la tabla, si es contra River o contra Racing. Riquelme es la pausa. El libro es esa respiración artificial que genera caños, gambetas y gritos. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Lo dijo en la Feria Internacional del libro de Guadalajara, la primera semana de diciembre. Allí presentó su nueva novela Blanco Nocturno, publicada por <a href="http://www.anagrama-ed.es/" target="_blank">Anagrama</a>. Su última obra había sido Plata quemada, publicada hace trece años, cuando ganó el Premio Planeta. Entre medio ha habido relatos y sobre todo ensayos y críticas. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Piglia no cuenta historias políticas, aunque ubica sus ficciones en un contexto político determinado, y lo hace influir en la vida privada de las personas. Cree que eso pasa en Latinoamérica. Blanco Nocturno trascurre en la Argentina de 1972 que espera a Perón. Sigue a Faulkner en la utilización de una familia como motor narrativo y habla de la quiebra de una empresa automotriz. Mezcla fragmentos de pensamiento con thriller policial, género al que se dedicó como editor desde sus inicios. No desaprovechó la presentación de su libro para hablar de Kirchner y Fogwill, de quienes dijo, tenían algo en común: “Mucha gente los odiaba”.  <strong><em>(<a href="http://twitter.com/andrescardenasm#" target="_blank">Andrés Cárdenas</a>)</em></strong></span></p>
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		<title>Un cínico talentoso</title>
		<link>http://www.rollinga.cl/2010/11/un-cinico-talentoso/</link>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 19:23:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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Michel Houellebecq ganó el máximo premio de las letras francesas con su última novela El mapa y el territorio. Un galardón cotizado que el autor de Plataforma había subestimado asegurando que el jurado siempre estaba comprado por las editoriales. ¿Qué pensará ahora?
Houellebecq se quería suicidar. Se contactó vía mensaje de texto con su enemigo íntimo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #bf0442;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7290" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/11/hointerior.jpg" alt="" width="450" height="293" /></span></p>
<p><span style="color: #bf0442;">Michel Houellebecq ganó el máximo premio de las letras francesas con su última novela El mapa y el territorio. Un galardón cotizado que el autor de Plataforma había subestimado asegurando que el jurado siempre estaba comprado por las editoriales. ¿Qué pensará ahora?</span></p>
<p>Houellebecq se quería suicidar. Se contactó vía mensaje de texto con su enemigo íntimo, el filósofo Bernard-Henri Lévy, y le pidió conversar. Ésa era una de sus razones para quitarse la vida: no tenía con quién conversar. Tiempo después surgió el libro Enemigos íntimos. Allí, el reciente premio Goncourt se aplica los calificativos extraídos de sus detractores: nihilista, racista, misógino, insulso, provocador. Otro provocador. Y es que no está mal serlo, la cuestión está en si es pataleta o dedo en la llaga. Houellebecq cree ser lo segundo, si es que cree en algo.</p>
<p>El premio Goncourt se entrega anualmente a la  mejor novela francesa, junto con 10 euros simbólicos. Claro que las ventas desde el siguiente día traerán en derechos algunos miles. “Los jurados están comprados por los editores. Y, casi siempre, dan el premio a unas novelas totalmente nulas”, había dicho el francés. Le negaron el galardón dos veces, con Las partículas elementales y con La posibilidad de una isla. ¿Y ahora? Ahora festeja. El título que lo ha hecho salir estos días en los diarios del mundo es El mapa y el territorio, aún no traducido al castellano.</p>
<p>Pierre Assouline en Le Monde ha sido bastante ácido con Houellebecq y su laurel. Y es que, coincidentemente, su editor no es el mismo de antes. Los acusa de generar una novela formateada, ecuménica, moderna-no-estridente, utilizando a personajes de la farándula francesa, con algún guiño a los “problemas de nuestro tiempo”. En pocas, una novela predestinada al premio que no había ganado. Si antes la publicidad de sus obras se la construía con un lema subversivo sobre el turismo sexual, el islam o el irremediable sin sentido de la vida, ahora lo ha hecho de una manera bastante comercial, displicente y hasta amable, coronada con el Goncourt.</p>
<p>Podemos hablar de las ideas de Houellebecq. O más bien, de frases sueltas que ha ido lanzando por ahí, con simulada premeditación. Pero lo interesante al acercarnos a un escritor como él sería saber qué piensa sobre el ejercicio de la escritura. Qué espera de ella, qué busca. Lo han querido ver como la conciencia de la posmodernidad. La voz que nadie quiere oír pero que llega con un halo de veracidad y asco ante la realidad. Rafael Lemus hace una descripción del escritor francés en la revista Letras Libres, tal vez la más acertada: “Fue tan vulgar como su propio tiempo. Observó un mundo idiota, turístico, pornográfico y fue él mismo pornográfico, turístico, idiota”. Suenan a años luz de distancia unas palabras inconexas sobre el artista y la conciencia de la sociedad. Y peor si Houellebecq ha dicho claramente que no tiene ninguna responsabilidad con la sociedad, que no ve en la literatura nada parecido a la salvación o expiación y que tampoco le interesa buscar coherencia. Sabe que lo que escribe es peligroso, pero se escuda con la frase cliché de “no promuevo el suicidio”. Es que hay quienes piensan que hay un par de hermanas menores del suicidio, que también tienen aspectos bastante grotescos.</p>
<p>Houellebecq es un francés por todos lados. Siempre está frente al auditorio. Ningunea a Hemingway y en castellano ha leído a Borges y poco más. Y si empezamos a enumerar sus polémicas, que al final es lo que la gente quiere saber –y él estaría feliz de gritárselos al oído –, podríamos empezar con textos copiados de Wikipedia, seguir con su odio a occidente y bajar el perfil a mayo del 68 y a los atentados del 11 de septiembre. Cree que el catolicismo ha sido derrotado en Europa, pero ha generado un vacío que nunca se llenará. Cree que la sociedad moderna no fundada en la pareja ni en la familia se encamina hacia un nomadismo general. Piensa que el racismo anti-blanco auto incitado es idiota y recién está empezando, y cree que la guerra civil por el choque de culturas es inminente. En fin, luces y sombras. Pero Houellebecq, el premio Goncourt, se cree el dedo en la llaga. Y se considera imprescindible. <strong><em>(<a href="http://twitter.com/#!/andrescardenasm" target="_blank">Andrés Cárdenas</a>)</em></strong></p>
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		<title>Recuerdo del escritor punk</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 13:33:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Andaba casi siempre de polera. Un viejo de 69 años, poco pelo blanco, relativamente largo y despeinado. Tenía los ojos claros, lanzando una mirada literariamente asesina o una mueca que descolocaba. Sí, verbos en pasado. Porque Enrique Fogwill, nacido en Quilmes, desistió de vivir de la manera que entendemos habitualmente, el 21 de agosto pasado.Ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6840" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/08/fogwillinterior.jpg" alt="" width="450" height="299" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">Andaba casi siempre de polera. Un viejo de 69 años, poco pelo blanco, relativamente largo y despeinado. Tenía los ojos claros, lanzando una mirada literariamente asesina o una mueca que descolocaba. Sí, verbos en pasado. Porque Enrique Fogwill, nacido en Quilmes, desistió de vivir de la manera que entendemos habitualmente, el 21 de agosto pasado.</span><span style="color: #bf0442;">Ya había dejado la cocaína, pero el cigarro nunca lo abandonó. </span><span style="color: #bf0442;">Y fue el culpable del letal enfisema pulmonar.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Es casi elemental empezar diciendo que se trata de un escritor singular. Polémico. Anti-sistema. Adjetivos que suelen gustar al público, pero que es difícil que logren congeniar con el éxito. Éxito que no estoy seguro que Fogwill apreciaba. “Por ahí hay grandes poetas secretos que nadie lee o conoce porque no se difunden, me hubiera gustado ser uno de ellos. Preferiría ser muy bien reconocido por las ocho personas que me interesan, a ser muy mal reconocido por decenas de miles de personas que conocen mis anécdotas, que la cocaína, que esto, que el otro, que la mina, etc.”, dijo el autor de <em>Muchacha punk</em> (1992).</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Es que esa droga cooperó con su primera obra. En un diario argentino se gestó la ecuación que habría dado a Fogwill la receta: 6 + 12 = 1. Seis días que demoró en escribir </span><em><span style="color: #000000;">Los Pichiegos (1983)</span></em><span style="color: #000000;">, doce gramos de cocaína consumidos y una obra maestra de la guerra de Las Malvinas. Pero tiene razón, sus anécdotas son bastante conocidas. Sus broncas con todo el mundo, sus cinco hijos de distintas mujeres, su prisión por acusación de estafa.  “La cocaína apestó mi obra y mi vida. Te hace hacer todo mucho más rápido, por supuesto, pero a un precio muy alto”, reflexionó casi al final.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Algo innegable de su personalidad es su generosidad, en especial con los escritores. Era un promotor incansable. No dejaba de recomendar públicamente a literatos jóvenes, desconocidos, talentosos. De hecho, el año 79, cuando tenía dinero por trabajar de publicista, fundó la editorial </span><em><span style="color: #000000;">Tierra Baldía</span></em><span style="color: #000000;"> y publicó poemas de Lamborghini, Perlongher y Steimberg, a quienes becó para que pudieran escribir.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Decía que la literatura es una gran mentira. Que el 99% de sus libros son mentiras. Y es lógico. Se puede recordar un ensayo del peruano Vargas Llosa en el que justifica la literatura en la mentira final de Marlow en </span><em><span style="color: #000000;">El corazón de las tinieblas</span></em><span style="color: #000000;">. Una mentira a la que Fogwill gustaba de dar forma mediante el error. El error y el capricho ayudan a escribir, y a encontrar la “verdad”, dijo. Esa verdad que entendía como concordancia entre la proposición y la cosa, si quiere tener pretensión de conocimiento. Parecería un realismo, pero un realismo del que se alejaba, con ejemplos monárquicos y académicos, de reyes y reales academias. Kant y los númenos le sonaban más familiares.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Calificó a los escritores de burgueses, hipótesis que, para validarla, sólo era necesario mirar sus vidas, sus “talleres de escritura creativa”, sus relaciones monetarias con los medios. Odiaba las facultades de letras. Creía que el valor literario de sus obras y de las obras en general es siempre cuestionable. Pero existe un valor mayor, que es el valor ético de hacerlas. Dijo que la sociedad es un texto mal redactado. Criticó la manera de acercarse de la mayoría de escritores al sexo y detectó un exceso de conciencia sexual en el mundo. Problema que se trata de resolver con tecnologías del placer, que no sólo producen eso, sino el mismo deseo. Y sería un camino hacia la incertidumbre total. Odiaba el fútbol, leía siempre, y se oponía al que esté en frente. Pero sobre todo fumaba y escribía. Sí, fumaba. <strong><em><a href="http://twitter.com/andrescardenasm" target="_blank">(Andrés Cárdenas)</a></em></strong></span></p>
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		<title>El libro más desquiciado del mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Aug 2010 13:48:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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Han pasado 45 años desde la publicación de Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de Philip Dick. Una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos es también una historia alucinada y febril, llena de droga, paranoia y un anti héroe envuelto en las contrariedades de un mundo dominado por una figura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-6710" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/08/dickinterior.jpg" alt="" width="400" height="300" /></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">Han pasado 45 años desde la publicación de Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de Philip Dick. Una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos es también una historia alucinada y febril, llena de droga, paranoia y un anti héroe envuelto en las contrariedades de un mundo dominado por una figura satánica y misteriosa: Palmer Eldritch.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Hay una pastilla que se mastica y que te lleva a un mundo irreal mientras tu cuerpo físico yace inerte, allí, donde sea que te haya hecho efecto. El Can D, además, es la más social de todas, porque te permite crear alucinaciones colectivas. Se trata de una sustancia  ilegal que de paso sostiene una millonaria industria, la de Equipos PP. ¿Y a qué se dedica Equipos PP?, nada menos que a fabricar una serie de artículos en miniatura relacionados con una muñeca estilo Barbie llamada Perky Pat. Oficialmente, una manera de jugar y hacer más llevadera la miserable vida en un mundo calcinado por la radiación solar. Pero la verdad es diferente, porque las miniaturas de sillones, autos y artículos de Pat se usan para fines mucho menos prosaicos. Estos se colocan cerca del lugar donde se llevará a cabo la ingesta de Can D y cuando el colocón se materializa, entras de inmediato a un mundo de maravilla, de autos descapotables, playas de arenas blancas y libertad sexual a destajo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Pero como toda droga y los millones implícitos en ella, existe otra que le hace la competencia. El Chew Z es más potente aún y de quien la fabrica se sabe poco; sólo que es poderoso, millonario y que su nave se ha estrellado en algún lugar de la galaxia. Palmer Eldritch anda suelto y el mandamás de Equipos PP, Leo Bulero, ve tambalear su imperio.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;"> Para solucionar las cosas, se le encomienda a </span>Barney Mayerson y sus habilidades precog, estar a la altura de las circunstancias. Debe matar a Eldritch, pero aquella titánica misión no sólo lo llevará a la superficie de la Luna o a decadentes refugios marcianos, sino que a perder el control. Así es, Mayerson es un adicto que se cambia de droga, y los resultados son inimaginables.</p>
<p style="text-align: left;">Los tres estigmas de Palmer Eldritch es la novela número 14 del prolífico autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, llevada al cine bajo el nombre de Blade Runner y detonador de su fama póstuma. Nada fue igual desde aquella obra maestra y Hollywood no ha parado de llevar a la pantalla grande película tras película inspirada en las historias de un escritor fallecido el 2 de marzo de 1982. Dick, quien en vida padeció las penurias de la inestabilidad psíquica y la narco dependencia (pentotal sódico), construyó Los tres estigmas de Palmer Eldritch no sólo como una alegoría a las drogas y sus efectos, sino como una aguda crítica a la religión, la corrupción industrial y al destino errático de la humanidad. En este libro se ejecuta con habilidad el objetivo más profundo de su visión sobre el futuro, algo que va mucho más allá de la evolución técnica y que se conecta más bien con las múltiples y nuevas formas que toma el miedo entre los seres humanos. ¿Ciencia ficción de matiné? no gracias, prefiero leer a <a href="http://www.philipkdick.com/" target="_blank">Philip Dick</a><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Philip_K._Dick#Los_tres_estigmas_de_Palmer_Eldritch" target="_blank">.</a></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">Los tres estigmas de Palmer Eldritch</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong>*233 páginas</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>*Edición en español por Minotauro</strong></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;"><br />
</span></p>
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		<title>La muerte de José Saramago</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 00:06:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
Sorpresa y tristeza causó esta mañana la muerte del escritor, portugués José Saramago, ganador del Premio Nobel en el año 1998, quien falleció de leucemia a los a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote), España.
Saramago se destacó por ser un asiduo comunista, preocupado de los temas políticos y asuntos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;"><img class="aligncenter size-full wp-image-6371" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/06/saramago-interior.jpg" alt="" width="500" height="332" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">Sorpresa y tristeza causó esta mañana la muerte del escritor, portugués José Saramago, ganador del Premio Nobel en el año 1998, quien falleció de leucemia a los a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote), España.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Saramago se destacó por ser un asiduo comunista, preocupado de los temas políticos y asuntos sociales, además de publicar exitosos libros, como La balsa de piedra, Ensayo sobre la ceguera, El evangelio según Jesucristo, entre otras novelas. Con todas ellas se ganó a la crítica literaria, a pesar de que estaba en su naturaleza generar tanta admiración como indiferencia. También incursionó en la poesía y el teatro.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Tema aparte es “Caín” (2009), su última novela, en la que hizo polémica pues volvió a criticar y a cuestionar a la Iglesia Católica, considerándose uno de los escritores más controversiales de la última década.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Este escéptico e intelectual hombre se encontraba viviendo en España, debido a que “El evangelio según Jesucristo”( 1991), fue duramente criticado y negado por Portugal para ser presentado al Premio Literario Europeo, por lo que Saramago se instaló en Lanzarote con Pilar del Río, su segunda esposa. Y pese a que sabía que le quedaba poco tiempo de vida, siguió comprometido con el género humano y escribiendo con la misma fuerza y pasión que lo caracterizó siempre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Lo dijo Saramago:</strong></em></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">&#8220;&#8230;No se trata sólo de instruir, sino de educar. Y, desde dentro, repercutir en la sociedad. Aprendizaje de la ciudadanía, eso es lo que creo sinceramente que falta. Porque, queramos o no, la democracia está enferma, gravemente enferma, y no es que yo lo diga, basta mirar el mundo&#8230;&#8221; (De su último libro, &#8220;Democracia y universidad&#8221;, publicado este mes.</span></p>
<p>&#8220;Yo no escribo para agradar ni para desagradar; yo escribo para desasosegar&#8230; estoy intentando desasosegar a algunos, pero seriamente&#8221;: (Noviembre de 2009, presentación de &#8220;Caín&#8221;)</p>
<p>&#8220;En esta enfermedad mía algo pasó, una especie de temblor de tierra que ha traído a la superficie sedimentos antiguos&#8221;; &#8220;mi propia experiencia personal, contenida en esos sedimentos lingüísticos, ha dado la vuelta&#8221; y &#8220;los sedimentos antiguos dicen: yo sigo vivo, por tanto úsame, ponme en tu historia&#8221; (diciembre 2008).</p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">“Soy un comunista hormonal”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">&#8220;La destrucción de empleos por la crisis es un crimen financiero contra la humanidad que debería ser llevado a juicio&#8221;, y &#8220;los responsables son conocidos&#8221;.</span></p>
<p>&#8220;Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que sin ideas no vamos a ninguna parte&#8221; (Ultima entrada en su blog).</p>
<p>&#8220;Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él&#8221;</p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">“¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">“Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”.</span></p>
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		<title>Elogios Criminales</title>
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		<pubDate>Mon, 17 May 2010 03:47:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>N.Ubilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
El director y fundador de la revista literaria Etiqueta Negra, ganador del premio de la Sociedad Interamericana de Prensa, Julio Villanueva Chang, acaba de publicar un compendio de crónicas que de inmediato se ubican entre lo más divergente del periodismo contemporáneo.
Desde las visitas al dentista de García Márquez o la contradictoria vida del cantante de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><img class="size-full wp-image-5774 aligncenter" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/05/chang.jpg" alt="" width="400" height="299" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #bf0442;">El director y fundador de la revista literaria Etiqueta Negra, ganador del premio de la Sociedad Interamericana de Prensa, Julio Villanueva Chang, acaba de publicar un compendio de crónicas que de inmediato se ubican entre lo más divergente del periodismo contemporáneo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Desde las visitas al dentista de García Márquez o la contradictoria vida del cantante de ópera Juan Diego Flórez; la visión del alcalde ciego de Cali, la solitaria vida del señor Kapuscinski, los arrebatos del cineastas Werner Herzog, o su último viaje al restauran Bulli de Ferran Adria, el autor de Elogios criminales nos propone una curiosa interrogante sobre cómo llegar a la máxima información sobre la vida de otros.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">¿Cuándo puede uno decir que conoce completamente a una persona? ¿Será solamente necesario el enumerar sus hábitos, lo que come, su manera de vestir, pensar, o la forma en que esa persona se proyecta ante el mundo? ¿Bastará sólo eso? La precisión con que este libro nos demuestra los detalles sobre las vidas de éstas seis figuras públicas, es su valor distintivo. De esta admiración naciente del autor, se desprenden curiosas y disímiles caracterizaciones de los protagonistas en sus rutinas cotidianas. Es esa insaciable curiosidad del literato, la que nos lleva a brindar por una completa satisfacción informática, ya que el contexto narrado no da espacio para vacios.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">La metáfora detrás de Elogios Criminales, radica en una interesante narración que no pretende lucir a los personajes. Sino que busca revelar cómo se mueven en el mundo, descubrir opiniones de sus cercanos y reflejar sus comportamientos en variados eventos. Es casi una investigación criminalística, una obsesión que lo lleva a narrar en tercera persona, mezclando tiempos presentes y pasados, algunos episodios de cada uno de estos seis protagonistas</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Uno nunca termina de conocer a las personas, es así como este libro nos abre una puerta hacia una nueva perspectiva; de cómo “no pecar de ignorante” con los que tenemos a un lado. A dar una nueva vuelta a toda visión previa, a cuestionarse todo, a no dejarse influenciar con las descripciones básicas y ordenadas de las vidas de otros.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Cansados de las típicas descripciones de estos seis personajes públicos, y con una fijación naturalmente humana, que es la curiosidad, Julio Villanueva Chang compensa completamente todas las necesidades de conocer y entrar en la vida, por un momento, de estos seis personajes. <strong><em>(Andrea Von Dessauer Feijoó)</em></strong></span></p>
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		<title>Preciada puerta</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 21:24:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>N.Ubilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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–Hay alguien tirado en el campo –vino a decirnos mi hermanito.
Eran las ocho en punto de la mañana y hacía tanto calor que la hierba despedía humo y los saltamontes cantaban. Durante días, había corrido la voz de que llegaba un huracán. Desde ayer sentíamos sus indicios: una quietud en el aire seguida por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;"><img class="alignnone size-full wp-image-5244" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/03/goyen3-1.jpg" alt="" width="550" height="432" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Hay alguien tirado en el campo –vino a decirnos mi hermanito.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Eran las ocho en punto de la mañana y hacía tanto calor que la hierba despedía humo y los saltamontes cantaban. Durante días, había corrido la voz de que llegaba un huracán. Desde ayer sentíamos sus indicios: una quietud en el aire seguida por la abrupta ondulación del viento; el cielo parecía más alto y se veía lavado.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Debe ser un molinero borracho que duerme en el pasto o un vagabundo. Hasta puede ser tu tío Bud, quién sabe –me dijo mi padre–. Ve a ver qué es.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Ven conmigo –le pedí–. Tengo miedo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Encontramos a una pobre criatura golpeada que no respondía a los llamados de mi padre. Llevamos a la persona inconsciente a la galería trasera y la acostamos en el sillón.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Me gustaría que no dejes que los chicos vean eso –dijo mi madre antes de replegarse en la oscuridad de la casa como en su caparazón.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Quizás esté muriendo –dijo mi padre–. No podemos ponerlo de pie. Llama al médico, hijo. Después, trae un poco de agua caliente.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Mi padre intentó despertar al hombre con un fuerte &#8220;eh&#8221;. Luego, bajó la voz en una suave invocación y le dijo: &#8220;Eh, amigo. Hola, hola&#8230;&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El amigo maltratado no se movió. Respiraba de manera pesada, casi mezquina. El agua caliente lavó apenas la sangre, que formaba algo así como una pasta en los labios y las mejillas. Después, un poco de agua fría bastó para echar hacia atrás su pelo oscuro. Entonces, cuando su rostro y su aspecto se hicieron nítidos para nosotros, vimos lo que habría sido una hermosa joven si hubiese sido una chica, pero era un hombre. Algo brillaba en el rostro dañado y supimos que habíamos traído a casa, desde el pastizal del molino, a una persona especial. Cuando mi padre le quitó la camisa manchada, vio algo y les dijo a los chicos (yo tenía doce y era el mayor) que salieran al patio. No me alejé mucho. Me escondí bajo el jazmín amarillo, contra el mosquitero, y oí.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">&#8220;Amigo, puede que no lo logres&#8221;, decía mi padre, &#8220;si el médico no se apura. Alguien te ha lastimado con un cuchillo.&#8221; En otro momento, oí que mi padre preguntaba: &#8220;¿Quién te hizo esto? ¿Quién te cortó así?&#8221;. Ningún sonido provenía del extraño. &#8220;¿Eh?&#8221;, insistió mi padre con ternura. &#8220;¿Quién te lastimó así? ¿Eh? No puede oírme y no puede hablar. Bueno, intenta descansar hasta que llegue el médico&#8221;, escuché decir a mi padre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">En ese momento, me sentí apenado por el desconocido que yacía en silencio, tan apenado que de pronto lloré bajo el jazmín amarillo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El huracán que, decían, se acercaba a nosotros desde el extremo sur del Golfo seguía llegando. Podíamos olerlo. El viento rápido, seguido por la lluvia, se cernía sobre nosotros, se iba de golpe y retornaba. En ese momento, estaba cerca de nosotros y mi padre adivinó que iba a alcanzarnos. Las tormentas asustaban a mi padre, que no le temía a casi nada. Tenía miedo en nuestra vieja casa y siempre nos llevaba al sótano de la escuela.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Mary, ve con los chicos a la escuela, rápido –dijo mi padre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Corrí adentro de la casa.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Me quedo con mi padre y con el hombre herido –anuncié.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Casi se arma una discusión, pero no había tiempo para eso y me di cuenta de que mi padre quería que me quedase.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">La tormenta siguió acercándose y derribó la rama de un nogal, que quedó atravesada en el camino. La lluvia golpeó con violencia el costado de nuestra casa por unos minutos y luego se detuvo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Ahí viene –dijo mi padre–. No podemos quedarnos aquí, en esta galería cubierta. Asegura el mosquitero y recoge las cosas que están a la intemperie. Vamos a llevar al herido a la sala. ¿Cuál es tu nombre, amigo?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Vi que mi padre acercaba su oído a la boca del joven. Luego, lo alzó como si fuera un chico y lo llevó a la sala. Era una habitación fresca y sombría que solo se usaba en ocasiones especiales. Por lo visto, mi padre quería darle al herido lo mejor que tenía para ofrecer.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Arrastré las cosas hasta la galería y llevé un poco de leña a la sala.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Pensé que podríamos encender la chimenea –anuncié.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Está muy bien –dijo mi padre–. Sabes hacerlo, como te enseñé.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Vi que había hecho un camastro en el suelo con los almohadones del viejo sillón.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Ayúdame a poner a nuestro amigo en el camastro –me pidió mi padre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Levantamos a nuestro amigo. Al principio, me dio miedo tocarlo pero su cuerpo se sentía amigable en mis brazos inseguros, como si fuera algo mío. Lo sentía querido por mí. Mi padre debió haber sentido lo mismo porque su rostro parecía lleno de suavidad a la luz del fuego. El fuego marchaba bien y daba luz y calor. De pronto, hacía cobrar vida, en la pared, a los rostros de mi abuela y mi abuelo, que habían hecho fogatas en esa chimenea. Nos miraban desde sus marcos polvorientos. El hombre murmuró:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Gracias.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Dios te bendiga, amigo –dijo mi padre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Palmeé la cabeza del hombre. El aire quedó cautivo en mi garganta. Él estaba con nosotros.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">La tormenta seguía ahí, se nos venía encima. Nuestra casita empezó a temblar y a crujir. Aunque no dijimos nada, mi padre y yo teníamos miedo de que el doctor Browder no pudiera salir. Vimos el camino de tierra frente a la casa. Era una corriente fluida. Luego vimos, gracias a un relámpago, los árboles caídos sobre el camino, un poco más lejos, y supimos que el doctor nunca iba a llegar.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Mi padre y yo empezamos a curar al desconocido. Lavamos sus heridas. Mi padre rezó a la luz amarilla del fuego, en la casita endeble que mi abuelo había construido para su familia. Su techo y sus paredes habían sido un refugio seguro para varias generaciones, un amparo ante un mundo que a lo sumo se extendía hasta unos pocos pueblos cercanos. Mi padre rezaba con su mano de carpintero apoyada en la frente del hombre que sufría. Le daba la otra mano con amor y esperanza. Entonces escuché las palabras de mi padre:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Está muerto.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">De rodillas, elevamos una plegaria al Señor junto al camastro que ocupaba el muerto desconocido. Sobre nuestro rezo repicaban los rítmicos golpes del viento contra algo de metal que quizá fuera nuestra bañera. Mi padre dijo:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Se parece a alguien.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">En ese momento, supe que era así porque vi su frente –de algún modo, bendita–, vi sus labios pálidos y carnosos y su amargo pelo oscuro, tan familiar como el de un pariente. El viento repicaba contra la bañera.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El corazón me pesaba y me dolía. Sentí que mi rostro se inundaba, pero las lágrimas tardaban en llegar y, cuando llegaron, lloré en voz alta. Mi padre me sostuvo entre sus brazos y me meció como si tuviera tres años, como hacía cuando yo tenía tres. Lo oí llorar. Sentí, por primera vez, el amor que una persona puede tener por alguien a quien no conoció, por un extraño que de pronto se vuelve cercano. El amor exaltado que sentía por el extraño visitante colmaba la sala. Entonces, con un anhelo que no había experimentado hasta esa noche, hasta esa brava y tierna noche en nuestra sala, en ese pueblito escondido, deseé conocer algún día el amor de una persona sin importar cuán amarga pudiera ser su pérdida.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El huracán azotaba nuestra casa, nuestros árboles y tierras. Los relámpagos nos dejaban ver lo que la tormenta ya le había hecho al mundo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Este debe ser el peor que ha golpeado al país –dijo mi padre–. Que Dios sostenga el techo que protege nuestras cabezas y reciba el espíritu de este pobre hombre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Y que también proteja a mamá, a mi hermana y a Joe en el sótano de la escuela –agregué.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">La inundación subió hasta la galería delantera. Nos sentamos solos, con el desconocido. Mi padre lo había lavado, le había quitado la ropa y lo había vestido con una camisa limpia y pantalones de trabajo. El ser muerto era una presencia en la sala. Esperamos.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El sol se extinguía. Se hundía en las aguas que cubrían el pueblo en esa tarde incierta. Miramos hacia afuera y vimos un mundo de cosas que pasaban flotando. Nosotros mismos nos sentíamos a flote. Entonces empezó a llover otra vez, justo desde la luz del sol, que se apagó. Se puso muy oscuro.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Estamos perdidos –me dijo mi padre–. Todos seremos arrastrados por el agua.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Dios, por favor, que pare la lluvia –recé.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El fuego había consumido nuestra reserva de leña y se deshacía con rapidez.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Hijo, ve a buscar una vela a la habitación –pidió mi padre–. Vamos a ponerla al lado del cuerpo para que no quede en la oscuridad.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Cuando mi padre llamó &#8220;el cuerpo&#8221; al extraño, tuve, por primera vez, un sentimiento de pérdida y dolor. Nuestro amigo, a quien yo quería y lloraba como a alguien conocido, se había marchado. Solo quedaba &#8220;el cuerpo&#8221;. Entonces comprendí la parte más dura de la muerte, el duelo en las tumbas, y lo que con tanta amargura se daba por vencido allí. Era el cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Lo que interrumpió nuestra mañana fue una figura en la ventana. Una figura en harapos, con los pelos al viento, con ojos bravos, con cara de terror, que miraba a través de la cortina de agua.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Hay alguien –le susurré a mi padre–, alguien en la tormenta, alguien que quiere entrar.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Maldita sea. Ayúdanos, Señor –gritó mi padre, asustado como nunca lo había visto.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Luchamos con la puerta delantera. Cuando abrimos el cerrojo, una ráfaga la lanzó contra nosotros y nos tiró al suelo. Fue como si lanzara a la figura, como si la empujara de un soplido.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Vimos que era un hombre joven con ropa andrajosa y barba espesa. Entre los tres, logramos cerrar la puerta. La afirmamos con un pesado perchero de roble inmemorial que estaba en la entrada, en el mismo lugar en que había estado siempre. De pronto, tenía vida.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Es la peor tormenta que he visto en mi vida –le dijo mi padre al hombre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El hombre asintió y pudimos ver que era joven. Fuimos a la sala, atraídos por la luz de la vela y del fuego. Vio al hombre en el camastro y se abalanzó sobre él. Cayó de rodillas, lloró y derramó lágrimas sobre el hombre muerto. Mi padre y yo esperamos, con la cabeza gacha, unidos en la confusión, ante el sonido ardiente del fuego y el suave llanto del joven. Finalmente, mi padre dijo:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Estaba tirado en el campo. Tratamos de ayudarlo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El hombre permaneció de rodillas junto a la figura que estaba en el camastro. Lloraba y murmuraba:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Chico, chico, chico, chico&#8230;</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Mi padre se acercó al hombre, que estaba de rodillas, y le puso una manta sobre los hombros. Dijo con suavidad:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Voy a traer un poco de café caliente, amigo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">A solas con los dos hombres, con el muerto y el vivo, sentía miedo, pero estaba lleno de piedad. Escuché que el hombre hablaba suavemente, en un lenguaje entrecortado que yo no podía entender –porque quizás estaba demasiado sofocado por el asombro–. Entonces, oí que decía, con claridad:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Pon tu cabeza en mi pecho, chico. Aquí. Bien, bien, chico. Ahora está bien. Ahora estás bien. Tu cabeza está en mi pecho, bien, bien.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Mi padre entró con el café y lo dejó en el suelo, al lado del deudo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Ahora, siéntese –le dijo– y entre en calor.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El hombre se sentó y se echó la manta sobre los hombros. Mi padre le preguntó su nombre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Ben –dijo–. Él y yo somos hermanos. Yo lo crié.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">No quiso tomar el café. Bajó la vista hacia la figura de su hermano y dijo:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Estábamos en un furgón, regresábamos de Memphis. Íbamos al puerto de Houston. Teníamos un plan.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Entonces, gritó suavemente:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–No quería lastimarlo, juro por Dios que no quería lastimarlo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Se llevó la cabeza de su hermano al pecho y lo acunó. Mi padre y yo estábamos sentados sobre los resortes fríos del sofá cuyos almohadones eran el camastro del muerto. Yo podía sentir el amparo del brazo de mi padre, que apretaba mi cabeza contra su pecho. Sentí un amor perpetuo hacia él, hacia mi padre. Sin embargo, en mi cabeza resonaban las palabras de Ben: &#8220;Teníamos un plan&#8221;. Mi sangre se aceleró, colmada de esperanza, de la esperanza de poseer el valor de ser tierno como ese hombre, si es que tendría la suerte de que alguien aceptara mi ternura; de la esperanza de compartir un plan con alguien. Supe que buscaría eso en mi vida. Quién iba a detenerme o a decirme que nunca tendría esa ternura inefable que sentía crecer en mi pecho mientras la sangre corría en mi interior. Era el regalo de Ben para su hermano y para mí. Sentí que esa pasión me había estado cegando y que había recuperado la vista. Vi que Ben alzaba del camastro el cuerpo de su hermano.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Gracias por atenderlo –nos dijo, solemne, y se dio vuelta para irse–. Ahora, mi hermano y yo vamos a irnos.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Si salen, van a ahogarse –dijo mi padre–. Espere hasta que pase la inundación, por amor de Dios.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Mi padre se paró frente a Ben para detenerlo, pero Ben dijo, con un dejo de oscuridad en la voz:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Fuera de mi camino, amigo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Ben se iba. Sostenía el cuerpo contra su pecho. Mi padre y yo nos quedamos quietos mientras nuestros visitantes, que habían venido de la inundación, regresaban a ella por la puerta tapiada.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Hasta luego, hasta luego –susurré.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Que Dios los acompañe y me perdone por dejar ir a un hombre que mató a su hermano –dijo mi padre casi para sí.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Vimos, a través de la ventana, a los hermanos que se iban en medio del agua bajo la luz menguante del día. Ben llevaba en sus brazos el cuerpo de su hermano y oprimía su cabeza contra su pecho.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–No van a lograrlo –dijo mi padre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–¿Adónde van?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Están en manos de Dios –respondió mi padre–. Aunque Ben sea un asesino, creí que estaba perdonado porque regresó y se disculpó. El amor de Dios obra por medio de la reconciliación.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Padre –pregunté–, ¿qué es reconciliación?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">–Volver a unirse en paz –respondió mi padre–. Aunque entre estos dos hermanos hubo padecimiento, se han reunido otra vez en paz.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Los dos hombres de la &#8220;reconciliación&#8221;, que se habían reunido en paz otra vez, desaparecieron en medio de la lluvia gris, entre las aguas crecidas. Mis ojos se aferraron a ellos hasta que dejé de verlos. Quería rescatar a esos hermanos, a esos enemigos que se querían, de la llovizna en que se disolvían.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Los días que siguieron a la lluvia fueron peores que la lluvia. El río se hinchó y cubrió granjas y caminos y mucha gente se sentó sobre los techos de sus casas. Aunque el agua que nos rodeaba fue a dar a las tierras bajas (estábamos en un alto), mi padre y yo quedamos abandonados. El sol traía un calor nuevo. El mundo estaba empapado y había un olor a cosas mojadas y cosas podridas. Había víboras, ranas toro que gemían, pavos reales que gritaban en los árboles y rojos cangrejos de río que saltaban en el barro.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">En nuestra casa aislada y remota, en la extrañeza de esos días, lloré muchas veces por Ben y por su hermano. Había nacido en mí un sentimiento oscuro que comenzaba a despejarse de a poco. Un hombre en bote se detuvo para contarnos los prodigios de la tormenta. Nos dijo que había algodón de enebro tirado sobre una vasta superficie de agua, como si se tratase de flores blancas; que mil leños del aserradero se habían perdido; que el campanario de una iglesia había sido arrastrado con campana y todo y que no solo se mantenía milagrosamente a flote sino que, además, seguía sonando como si fuese una boya, cerca del puente de Trinity.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Durante un tiempo, en distintos pueblos reportaron que habían visto una puerta que flotaba con los cuerpos de dos hombres por el ancho río. En un pueblo, la gente dijo que, al pasar por allí, la balsa se había arremolinado en la corriente, como poseída por un demonio, pero, que aunque los hombres seguían encima de ella, se creía que estaban muertos. Cerca de la boca del río, donde el agua fluye hacia el Golfo, dijeron que la puerta montaba las crestas de unos rápidos con tal serenidad que era fácil ver a los dos hombres –uno, vivo y feroz, sostenía al otro, muerto–. Después de eso, esperé otros reportes, pero no hubo más noticias sobre la preciada puerta.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">***</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #f50950;">(Este cuento forma parte del libro La misma sangre y otro relatos, del estadounidense William Goyen (1915-1983). Pese a ser considerado uno de los mejores escritores de relatos cortos norteamericano, es casi un desconocido en español. Su obra lo emparenta con Faulkner y Tenesse Williams, dentro de un movimiento denominado &#8220;gótico sureño&#8221;. Goyen también escribió novelas -La casa del aliento- y obras de teatro. Repartió su tiempo entre la ficción y las clases universitarias en instituciones como Princeton y Columbia)</span></p>
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		<title>El espejo de la catástrofe</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 15:22:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>N.Ubilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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Se cumplen 60 años de la primera publicación en español de las Crónicas Marcianas del estadounidense Ray Bradbury. Cruzada por los vientos aún tibios de la Segunda Guerra Mundial, lo que entregó este oriundo de Illinois con apenas 25 años de edad, es una reflexión melancólica de fantasía y futuro sobre la humanidad y sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #f90562;"><img class="size-full wp-image-4905 aligncenter" src="http://www.rollinga.cl/wp-content/uploads/2010/01/cronicas_marcianas.jpg" alt="" width="500" height="560" /></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #f90562;">Se cumplen 60 años de la primera publicación en español de las Crónicas Marcianas del estadounidense Ray Bradbury. Cruzada por los vientos aún tibios de la Segunda Guerra Mundial, lo que entregó este oriundo de Illinois con apenas 25 años de edad, es una reflexión melancólica de fantasía y futuro sobre la humanidad y sus fines; del estado del hombre y su entorno, conocido y por conocer.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Alejándose del sci-fi más duro para adentrarse en una realidad que en los primeros años de la Guerra Fría tenía sus mejores esperanzas puestas en que el conflicto armado se desatara pronto. Ray Bradbury cambió este mundo por otro estacionándose en Marte para mirar hacia la Tierra.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Cuando se pensaba que no había más por hacer, o cuando ya todo lo por hacer resultaba insultantemente absurdo, quedaba el subterfugio de que todavía era posible empezar de cero. Pero empezar de cero no se podía; las sombras de las guerras que definieron el siglo XX eran para la memoria sus cercos irrestrictos. La escapatoria fue la que, de alguna manera, eligió Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) al cambiar de forma la consigna por la creación desde cero, es decir, mudarse a otro mundo. A Marte. Pero irse hacia el exterior no cambió las cosas, más bien reprodujo, de un modo casi mercantil, cada una de las infamias. Crónicas Marcianas (The Martian Chronicles, 1950) es este lugar donde la evacuación es fallida: con el paso de un planeta a otro se arrastraron todos los males, miedos, deseos y miserias de la historia, que ni siquiera la nobleza pudo equilibrar. El planeta rojo en Crónicas Marcianas es el gran espejo que tiene la Tierra y que termina multiplicando sus ruinas.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Porque Marte era la esperanza que se erra al considerar su espacio como una escenografía por rellenar. Marte no entraba en el esquema humano: de aire enrarecido, de mar plateado e inmóvil, con sus libros leídos con la mano para escuchar la música de su historia, de una población marciana telépata y multiforme. A los hombres no se los esperaban de ninguna manera, y los primeros en llegar fueron eliminados.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">El lugar común indicaría que Crónicas Marcianas no posee continuidad argumentativa, que su línea de acción es dispar, salvo la fijada por el contexto. Si bien esto es cierto hasta cierto punto, dado que la unidad de cada capítulo es completa, el que lleva por título Aunque siga brillando el sol, triunfante cuarta expedición que logra la misión de asentarse en Marte, es el gran armador de todo el conjunto de crónicas: antecedente del cometido imperialista y precedente de capítulos como Fuera de temporada, que muestra de la desesperación por un público consumidor, o Los largos años, en alusión al abandono que la tecnología subsana a su manera. Y también es la consecuencia que determinará a Marte: la muerte del tripulante Spencer. Conmemorativo episodio que marcará el porvenir del planeta en la predicción del mencionado personaje: “Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos. Y nos pondremos furiosos, ¿y sabe usted qué hacemos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Más allá de estos ejes del relato, Crónicas Marcianas es excepcional en sus pequeños y poéticos capítulos: mínimas escenas que no solo son los anclajes que ceden el paso a las grandes historias, sino que son los exiguos contenedores que dominan las situación. En El verano del cohete, una ola de fuego y calor funda la aventura de la destrucción; en Los colonos, ningún fundamento es válido al llegar a Marte porque lo “ridículo” y lo “noble” guardan la mismas relación cuando no tienen sentido. Los observadores nos muestra a espectadores que pierden la perspectiva del papel que representan y sienten que los están retratando a ellos, incapacitados de intervenir pero gozosos de sentirse a salvo, pero la función siempre acaba y deben volver. Episodios como estos son los bellos catalizadores y movilizadores de la narración en su conjunto.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Cuando se pensaba que no era suficiente acabar con un planeta, Ray Bradbury ideó este viaje para proyectar las pesadillas vivenciales de la humanidad. A sesenta años de su publicación en idioma castellano (en inglés vio la luz un poco antes, en 1945), y pasado el primer trecho de libro que data de 1999 hasta 2005, el mundo no se destruyó. Tampoco se interesó por colonizar Marte. La búsqueda, ahora, es por planetas lo más parecidos a la tierra y la sonda espacial Kepler es quien los está buscando y no nosotros. O nosotros, pero desde acá. Marte ya no es ese gran hermano siamés que la Tierra quiso unir en narraciones. Y las preguntas sobran: ¿Hay hermano? ¿Cuól será nuestro próximo hermano para mirarnos desde él? ¿Dónde se mira la Tierra ahora? ¿Acaso es Internet la nueva modalidad de la mirada, donde el mundo, más que mirarse a sí mismo, se acumula y registra para dentro? Preguntas que sólo pueden ser enunciadas sin esperar su respuesta. Aún cuando Crónicas Marcianas nos diga que: “Cuando la civilización se tranquiliza y calla, y la guerra termina, la pregunta se convierte en insensata de un modo nuevo”. </span><strong><em><span style="color: #000000;">(Pablo Alcaíno)</span></em></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="color: #000000;">Crónicas Marcianas, Ray Bradbury.</span></strong><span style="color: #000000;"><br />
Editorial Minotauro.<br />
275 páginas.</span></p>
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