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Cuando Ziggy Stardust conquistó la Tierra

Publicado por R.Morales Para: MÚSICA en Junio 10, 2012  |  1 Comment

Más que un extraordinario álbum, el 40 aniversario de “The Rise and Fall of Ziggy Stardust” de David Bowie marca el nacimiento de un artista en plena mutación, capaz de encontrar referentes en distintas expresiones artísticas y que, por primera vez, instala la ambigüedad sexual en el rock.

por Toni Blundetto.

El 6 de junio de 1972 fue uno de esos días de desembarco total en la historia del rock and roll. Se editó “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders of Mars”, álbum que lanzaría al ya conocido David Bowie a la galería de los imprescindibles. La portada del LP anticipaba el estado de las cosas: un extraño personaje reflectante, con guitarra terciada, desafiaba al comprador en un poco glamoroso callejón de Londres, pisando seguro unas cajas arrumbadas, un Abbey Road pasado por un protopunk. Mirado retrospectivamente, un Terminator recién caído a la mugre de Los Angeles. La contratapa mostraba a este ser, Ziggy Stardust, en una cabina telefónica, el método de transporte oficial del héroe de ciencias ficción de la BBC: Doctor Who.

¿Quién era entonces este luminoso Ziggy Stardust? Una entidad poética que con ayuda extraterrestre estaba decidida a volarle la cabeza al mundo. Un pastiche atómico que sumaba datos provenientes del cine kubrickiano – “2001, Odisea del Espacio” (1968),  ”La Naranja Mecánica” (1971)-, Andy Warhol, T.S. Eliot, Iggy Pop, la moda japonesa, Marc Bolan, la película “Metropolis” (1927), y mil elementos más. Rendía además insólito culto a un ridiculizado cantante-personaje llamado Legendary Stardust Cowboy -nacido Norman Carl Odam-. Al final, no sería una burla: para “Heathen” (2002), Bowie incluso grabó uno de sus temas: “I tTook a Trip (on a Gemini Spacecraft)”.

Ziggy integró en el momento justo, y en exactas porciones alquímicas, influencias folk, ciencia ficción, rock eléctrico, glam, dadaísmo, pantomima, danza y ambigüedad sexual, entre otras cosas. A eso, hay que añadirle una provocación no menor: en enero de 1972, Bowie declaró que era gay. Esa fue la cucharada necesaria para aliñar más la sopa. Por primera vez, un homosexual -aunque luego “El Duque Blanco” relativizara hasta el cansancio la veracidad de su declaración- no era un pintoresco elemento decorativo en comedias televisivas sino que un ídolo del rock, audaz, desafiante, y agresivo y empático a la vez. Chicos y chicas se enamoraron perdidamente de la entelequia. Al final del día, Bowie y Ziggy eran la misma cosa.

No diremos aquí que el disco es genial y la banda, extraordinaria. Eso es un hecho. Pero Ziggy Stardust es más que un gran álbum. Para muchos es el momentum, el lugar y la hora mágica en que un súper artista se convierte en algo más: un símbolo de su época. La revista inglesa “Melody Maker” cita el concierto del 8 de julio de 1972 en el Royal Festival Hall como el punto de inflexión. “Cuando una estrella fugaz enfila hacia su peak, hay un concierto en que es posible decir: ahí está, el tipo la hizo”, escribió Ray Coleman. Con un artista llamado Lou Reed como invitado, Bowie deslumbró al público extático, recibió flores de una chica que lo abrazó y besó, y bajó del escenario como un héroe. Era un gigante del pop.


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Comentarios
Victoria Dice:

Qué fome, no se puede RT


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