Los mejores discos del año según Rollinga (part.1)
20. Real State: Days

Más limpio, nítido y fuerte, el sonido indie de esta banda de New Jersey supera con creces su estreno de 2009. Las canciones en “Days” fluyen sin esfuerzo, con letras que parecen la variación de un mismo tema: la bucólica vida de los suburbios. Hay algo del primer REM, también de Pavement sumergido en el bálsamo de The Feelies; en resumen, talento melódico que engancha de manera sólida a través de un disco completo y eso, ya se sabe, no es poco.
19. Kasabian: Velociraptor!

Una innegable inspración retro y una cuota de madurez que no mancha su punteria energética. Velociraptor! es el cuarto larga duración del grupo originario de Leicestershire y mezcla cuotas del electrorock que los hizo famosos (“Velociraptor”, la canción), pulso sesentero a lo The Last Shadow Puppets y baladas para enmarcar (“Goodbye kiss”). Los muchachos se escuchan sueltos pero por sobretodo, llenos de confianza.
18. Metronomy: The English Riviera

Un inglés melancólico llamado Joseph Mount cuyo nombre artístico lo adentró con valentía en los frágiles terrenos del electro indie. Porque si no eres sólido como, digamos, The go find, es fácil terminar en una caricatura. Sin embargo, Metronomy consigue con “The English Riviera”, cierto pulso insomne que entrega momentos de calma y sofisticación; de ricas capas sonoras montadas en melodías para silbar sin temor a ser descubierto.
17. Slow Club: Paradise

Un dúo como precepto de formación para una banda, fue un dibujo repetido en variados rincones del orbe durante este año. La originalidad aquí radica en cómo Charles Watson y Rebecca Taylor (Sheffield, Inglaterra), logran mezclar una sensibilidad de orquesta, con pop atmosférico repleto de coros superpuestos y vívidos. En general, su segundo disco después de “Yeah, so” es evocativo e intenso. Lo que venga a futuro sólo debe hacer a un lado el exceso de dulzor para comenzar el despegue definitivo.
16. St. Vincent: Strange Mercy
La guitarrista Annie Clark (28) logra superarse con riffs agresivos al servicio de melodías incombustibles. Adorada por Bon Iver y los muchachos de Grizzly Bear, la señorita Clark y su alter ego llamado St. Vincent construyen un pop inteligente, de voz cálida y pulso rockero. La consistencia de “Strange Mercy” y de temas como “Chloe In The Afternoon” o “Surgeon” confirman las amenazas de “Actor”, uno que también estuvo entre los mejores de 2010.
15. Nicolás Jaar: Space is Only Noise

Tiene apenas 21 años y diarios influyentes como The Guardian lo llaman “el niño prodigio de la música electrónica”. Reposado, crepuscular y hedonista, el disco debut del hijo de Alfredo Jaar es un manantial de sonidos inteligentes, cocidos a fuego lento y que se enquistan profundamente en el alma. Es un nuevo estilo de baile que, junto al británico James Blake, está cambiando los códigos del género. Estas canciones no sólo piden acceso a mover las caderas, sino que también introspección.
14. Miles Kane: Colour of the Trap
El compañero de Alex Turner en “The Last Shadow Puppets” le saca brillo a la tradición más sofisticada y pulida del rock británico. Sin puntos bajos y con un romanticismo oscuro que atraviesa sus doce canciones, el álbum vuela alto en sonoridades sicodélicas y de orquestación finísima que miran a hermanos mayores como T-Rex, Lennon y Echo and the Bunnymen. La obra causó tan grata impresión que, hasta el mismo Liam Gallagher, acostumbrado a insultar a la mayoría de los rockeros emergentes de su país, le dijo al solista que envidiaba canciones. Ese cumplido cerró el círculo: Kane, por fin, se sacó el estigma del acompañante eficiente. Ahora, también juega en primera división.
13. The Feelies: Here Before

Veinte años sin material nuevo y ni se les notó. The Feelies fueron una de las bandas más sobresalientes del post punk de comienzos de los 80 en Estados Unidos, pero nunca alcanzaron la gloria. Con este álbum, es seguro que tampoco tocarán el cielo, pero al menos pondrán contento a más de alguno. Encontramos los mismos ingredientes del pasado: melodías elegantes, una voz cavernosa, estallidos eléctricos y alguna melancolía optimista. La escuela de Velvet Underground sigue con acólitos aventajados. Larga vida a The Feelies.
12. Baxter Dury: Happy Soup

Ser hijo de Ian Dury, el mítico creador de ese himno llamado “Sex, Drugs and Rock and Roll”, podría ser la lápida para cualquiera. Menos para Baxter Dury. En su tercer disco, el hombre saca conejos de su sombrero y confirma que sus brillantes obras anteriores – los sicodélicos “Len Parrot’s Memorial Lift” (2002) y “Floor Show” (2005)- no fueron simple espejismo. Con una aparente simpleza compositiva y un espíritu low fi, el solista apuesta por arreglos juguetones, interpretaciones a dos voces con Madeleine Hart y las canciones más luminosas de su carrera. Lástima que se tome tanto tiempo entre disco y disco.
11. Other Lives: Tamer Animals

Vivir en Oklahoma no suele ser sinónimo de diversión. Esa condición es, quizás, el síntoma que llevó a Other Lives a hacer música de clima brumoso, donde el frío siempre le gana al sol. En su segundo álbum, el grupo viste sus canciones con algunas ropas conocidas: la elegancia tenebrosa de The National -su más cercano referente-, los entramados preciosistas de Fleet Foxes y armonías corales que recuerdan a Ennio Morricone. Es un disco para almas sensibles y en permanente invierno. Para emocionarse y llorar.
Del 10 al 1
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