Los mejores discos del año según Rollinga (part. 2)
10. Fleet Foxes: Helplessness Blues

Estos tipos aman la música, la tratan como una amante adolescente y la acarician con esmero. Su folk es melancólico, con letras sugerentes y notables armonías que no caen en la afectación o la vanidad. El segundo disco de los de Washington no presenta fisuras y ofrece íntima grandilocuencia, si es que semejante cosa es posible. Juzgue usted.
Video: Grown ocean
9. Arctics Monkeys: Suck it and see

Evolución, experiencia y virtuosismo. No hace falta la fluorescencia ahora para brillar con un estilo propio, lleno de ingenio que cabalga sobre un rock que puede reinvetar sus caminos una y otra vez. Es innegable que desde ese experimento oscuro y desértico llamado “Humbug”(2009), la banda de Alex Turner terminó por perder un buen puñado de fans, pero lo que confirmaron entonces y ahora con “Suck it and see”, es que para ser grande hay que afianzar el talento sin repetir la fórmula. Este álbum es un buen ejemplo.
Video: Don’t sit down ‘couse I’ve moved your chair
8. Chapel Club: Palace

Sin un mango en los bolsillos, los británicos de Chapel Club apostaron lo que tenían en dos singles poderosos que no ocultaban su gusto por Echo and the bunnymen, The Smiths y Joy Division. “O maybe I” y “Surfacing” dispusieron la mesa y los que saben se sentaron ante ella para disfrutar del plato. La voz de Lewis Bowman es la superficie gastada y cavernosa por la que se mueven sus guitarras y un impulso post punk afilado y lleno de buen gusto.
Video: O maybe I
7. Cults: Cults

Símbolo de los nuevos tiempos, Cults se hizo famoso en Internet antes que en las radios. Algunos los llamaron los nuevos Beach House, pero esta dupla es más que una simple comparación. En poco más de media hora y con singles como “Abducted” y “Go Outside”, el grupo se balancea entre un ruidoso pop de guitarras y el post punk británico. Es un sonido que huele a espíritu adolescente, de luminosidad playera y precisión matemática. Un debut que irradia felicidad y jamás suena empalagoso.
Video: Abducted
6. Tom Waits: Bad as Me

Mientras el mundo avanza a una velocidad asombrosa, Tom Waits sigue su camino a paso lento, a media luz y cocinando sus melodías de perdedor orgulloso con estilo único. Nuevamente junto a su mujer y productora Kathleen Brennan, “Bad as Me” transmite el genuino pulso de Waits: están el sonido de los trenes, la voz carcomida por el alcohol barato y esas baladas venenosas que se impregnan en la sangre. Es música de otro tiempo y sentido, que llega al corazón y apela a la emotividad. Otro lujo de un gigante de la canción.
Video: Satisfied
5. Tyler, The Creator: Goblin

Cuando la mayoría del hip hop se ha transformado en una moda comercial, Tyler, The Creator, el capo del colectivo Odd Future, vuelve a poner las cosas en orden. Su boca sucia dispara furia, delirio e insultos. De sus versos nadie se escapa: puede atacar a los homofóbicos como a los homosexuales. Tyler está en constante odio frente al mundo y lo manifiesta sin tapujos. Su música libera tensión y hace abrir los ojos. Un caos sonoro que también posee capas de minimalismo lúgubre. Con él, el rap ha vuelto a lanzar combos en el estómago.
Video: Yonkers
4. Fernando Milagros: San Sebastián

Fernando Milagros siempre combatió con su propio demonio: su desmesurada similitud con Devendra Banhart. Ese parentesco artístico le restaba méritos y actuaba como una sombra que opacaba su talento natural. El antídoto vino por fuera y tuvo un solo nombre: Cristián Heyne. El productor -y responsable de los éxitos de figuras como Javiera Mena, Gepe y Denver, entre otros- desechó las semejanzas con el cantautor estadounidense y limpió la cara de Milagros. Hizo que sus canciones fueran atractivas y luciendo su propia identidad.
Con un folk profundamente chileno y atravesado por la melancolía, Fernando Milagros envuelve en un lazo indivisible a sus antepasados sesenteros con el futuro y se distancia de la homogeneidad del folk de su generación.
Video: Carnaval
3. Connan Mockasin: Forever Dolphin Love

La primera pregunta que se hacen todos los que escuchan las canciones de Connan Mockasin es la cantidad de drogas que debe consumir antes de entrar al estudio. Pero el tipo ni siquiera fuma. En este neozelandés sobrevuela el fantasma de Syd Barrett junto a los Air más flotantes. Son canciones dementes, que surcan pasadizos secretos y poseen quiebres inesperados e imaginativos. Ese carácter tan onírico como desquiciado es una delicia para los oídos más experimentales. Lo mejor de Nueva Zelanda desde los fabulosos Crowded House.
Video: Forever Dolphin Love
2. Timber Trimbe: Creep On, Creepin’ On

Canadá como Suecia siempre es tierra pródiga en figuras emergentes del rock más fértil. Timber Trimbe es la presentación de Taylor Kirk, un muchacho obsesionado con la música de los 50. En su segundo disco, el músico pone primera en canciones que huelen a Twin Peaks, Mad Men y películas de terror. Su búsqueda musical trabaja más con las sensaciones que con los golpes de efecto inmediato. En un instante, puede ser contemplativo y, en otro, calzarse el traje de Roy Orbison o Nick Cave. Es música plagada de detalles y que logra hipnotizar en cada nueva escucha. Magnífico.
Video: Woman
1. PJ Harvey: Let England Shake

Antes de grabar “Let England Shake”, PJ Harvey leyó libros de historia, blogs de soldados que viven en países en guerra y miró documentales de la Primera Guerra Mundial. El mundo experimenta un cambio radical y la inglesa quiso plasmarlo a su manera: revisando el pasado para entender el presente. En apenas cinco semanas en el estudio, la solista abortó la tradicional visceralidad de su voz y la suplió por un timbre agudo y ligero. Un tono impropio que parecía ponerla de espaldas a su trayectoria.
Esos esfuerzos vocales casi infantiles eran el contrapunto de sus líricas. Con la guerra como telón de fondo, PJ Harvey estampa la crónica de un viaje al infierno. En su recorrido hay sangre, cadáveres, campos de batalla, mutilaciones y cráneos despedazados.
Acompañada por fieles colaboradores como John Parish, Flood y Mick Harvey -antiguo lugarteniente de Nick Cave-, las doce canciones de la inglesa surgen del folk y derivan en una economía de recursos instrumentales: golpes pulcros de batería, rasgueos de guitarra y trombones milimétricos. Es un paseo por la destrucción dotado de una belleza musical sublime. Ganador del Mercury Prize 2011 -premio que obtuvo también en 2001 por “Stories from the City…”-, “Let England Shake” es un disco apasionado, épico, incómodo y profundo. El arte en su expresión más elevada. Y, con todo merecimiento, el mejor del año.
Video: Last living rose
Del 20 al 11
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