La censura de La Tercera a una columna de Carlos Huneeus
El diario de Alvaro Saieh no quiso publicar un texto del cientista político porque criticaba a la familia Matte, una de las responsables del proyecto Hidroaysén. El periodista Víctor Gómez se refiere a las ambiguedades de Huneeus.
Carlos Huneeus reclama censura con una columna que la verdad no dice mucho, salvo obviedades, que en una de esas pueden ser parte de las motivaciones de rechazo de la ciudadanía (No estoy del todo seguro). Lo hace contra la Copesa y su expresión diaria en La Tercera. Reclamo que resulta una curiosa y oportunista contradicción, si sólo se considera, que Huneeus (cientista político DC y unos de los ideólogos de la Concertación) ha reforzado y justificado por años el modelo político chileno desde su Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea. Modelo que entre sus diversas barbaridades tuvo una transición de mentira (sin juicios de verdad en lo político y para que decir en lo económico).Que se jugó por “humanizar” el neoliberalismo. Que garantizó –legalmente y con vista gorda- a los poderosos grupos económicos (Matte, Luksic, Saieh, Piñera y otros) la más flagrante desigualdad de ingresos que se conozca en la historia. Que impuso un régimen político y régimen de partidos de escasa representación por medio del sistema binominal y exclusión de las minorías políticas de todo tipo. Que terminó con los medios de comunicación estatales y que negó la sal y el agua a los medios independientes y que peor aún, desde los gobiernos democráticos financió al duopolio Copesa y El Mercurio a través de avisaje publicitario estatal (que por cierto nunca chorreo a otros medios críticos). Y un modelo que hoy permitirá el desastre ecológico en la Patagonia, en Ventanas, en Tocopilla y en otros lugares. En fin hay varias otras singularidades del modelo político nacional, que Huneeus y otros cimentaron.
En su columna editorial, Huneeus intenta demandar desde la legalidad vigente una actitud que rectifique e impida el abuso de los poderes económicos sobre la realidad nacional. Encabeza sus argumentos con la siguiente afirmación “No basta la legitimidad legal para concluir que una decisión de gobierno es legítima. Es necesaria, pero no es suficiente, especialmente ante un proyecto con enormes intereses económicos y con altísimos costos medioambientales, que dependen de consideraciones políticas y valóricas. Un cristiano protege la naturaleza porque es obra de Dio”. Magra y nefasta consideración que lejos de sostener una crítica que pueda ser censurada por La Tercera, al contrario, exige soluciones al mismo modelo y a los mimos poderosos que no están dispuesto a ceder ni menos a permitir siquiera debate.
Es un modelo cerrado donde la expresión disidente no tiene espacio ni por medio de los “legisladores” ni tampoco a través de la gente común y corriente ni mucho menos a través de la protesta social. Modelo que criminaliza el descontento popular y que no trepida en meter pacos, milicos y represión donde se exprese crítica.
Lejos de argumentar toda una batería de contenidos técnicos que justificarían con creces el rechazo a las cinco represas en la Patagonia, lo que está en juego no es sólo un tema ecológico y energético, que por cierto es importante, sino además, la cristalización de un método, una forma y un estilo de ejercer el poder político, económico, comunicacional y burocrático a contrapelo de los intereses ciudadanos. Lo que está en juego y de a poco comienza a manifestar cierta crisis, es precisamente lo que Huneeus y su comparsa perfeccionaron e hicieron realidad en este país. Un modelo excluyente, injusto y por sobretodo, inhumano.
Si no lo sabe Huneeus, porque de seguro no le interesa, la marcha del viernes 20 de mayo en Santiago contra Hidroaysén tuvo además de masividad, al menos tres componentes, que en buena hora su centro de estudios no conoce y que el régimen político, sus partidos y líderes no representan. Uno: la expresión juvenil-etaria. Dos: la hetereogeneidad de discursos y componentes sin una conducción única ni hegemónica, por ello, marcharon desde ciudadanos comunes y corrientes, ecologistas hasta anarcos y mapuches. Y tres: la disposición a manifestarse, a tomarse la calle, a protestar, a rebelarse, a sacarle la cresta a los pacos y a expresar descontento contra todos, pese a las amenazas de lacrimógenas, juicios mediáticos y criminalización de la protesta pública heredada desde la Concertación.
Ni en la experiencia de España por estos días ni en la de Chile ni en la de otros lugares, el conflicto político (el quehacer político) se reduce ya a los partidos, a las elecciones, ni a los votos, ni menos a los mecanismos pactados en la democracia de cartón vigente en Chile. Esa es la lógica de Huneeus, que menos mal la realidad hace rato la superó. Lo demuestran con nitidez la baja votación en general, el rechazo a la actividad política formal y la derrota de la Concertación con un lamentable triunfo de la derecha y un sinnúmero de otros fenómenos.
Se trata de descontento, de molestia, de escasa representación de las instituciones (partidos y otros), de sus líderes y de sus ideas. De rechazo al modelo neoliberal y a sus oportunistas administradores. Lo que hoy sucede está lejos de ser el mismo fenómeno de participación política que existió en nuestro país hasta estos días, incluso más allá de la fugaz y legitima rebelión secundaria de hace unos años.
Se trata de expresiones de protesta de ciudadanos (de todo tipo y todas formas) y gente común a las cuales no le interesa participar de los mecanismos institucionales del Estado, tampoco de cabildeos, de los cuoteos y de las peroratas del parlamento, los municipios y los gobiernos.
La singularidad de los movimientos actuales está precisamente en lo que antes señalé: expresión juvenil (universitaria, secundaria, poblacional, marginal y otros); diversidad de discursos y posiciones sin voces hegemónicas, y en la disposición de protestar y expresar descontento baja distintas formas, acciones y mecanismos (desde pacifistas hasta los que se enfrentan con los pacos y -mejor aún- logran sacarles la cresta a la policía). Nada más alejado de expresiones que sólo se conforman con pedir una respuesta al modelo, a sus representantes y a sus leyes, incluso aunque se construyan las centrales hidroeléctricas en Aysén. Ese ni siquiera es el punto.
De lo que se trata entonces, es de nuevas formas de expresión política, de ensanchar la democracia y hacerla realidad, pero sin los profesionales de la política, sus métodos y sus feudos. Se trata de expresiones que se comunican mayoritariamente por medios alternativos y redes sociales (en un mundo hace rato globalizado), porque los medios formales los excluyen o simplemente los ignoran (la huelga de los comuneros mapuches, por ejemplo). Se trata de descontento con todo y contra todos. Descontento que supera las lógicas de izquierda (PC, PS, PPD, Meos y otras bazofias que se quieren meter por la ventana al sistema) y por cierto, de derecha (toda la gama de basura de este sector). Ese es el fondo.
Huneeus y la Concertación ya tuvieron su turno y la propia gente los castigó. Es hora de que asuman su realidad y que enciendan los receptores para que otra vez no se les vuelva a pasar sobre sus ojos. La gente, el pueblo, la ciudadanía, la masa o como se quiera llamar se decidió por otros caminos, otros discursos, otras lógicas, otras formas, otras vías y otras expresiones de participación política y social, que por lo visto y en buena hora, ellos no los representan, más allá incluso si vuelven a controlar el gobierno… Esto cambió por más columnas censuradas en La Tercera o en cualquier parte y no tiene vuelta atrás. (Víctor Gómez L.)*
*Periodista de prensa en Chilevisión y autor de los documentales, Miguel, la Humanidad de un Mito -sobre el líder del MIR, Miguel Enríquez-, y Sabor a Victoria, que recrea la campaña de Colo Colo en la Libertadores de 1973.
hay razón en más de un párrafo… deberían escribir más seguido y más masivo…








