Villagers

Villagers es el nombre que eligió Conor J. O’Brien para proyectarse como artista desde la fría irlanda. Melodías bucólicas metidas en naves espaciales que van por el aire a distintas velocidades. Tan británico como los graffitis del IRA, muestra desparpajo para develarse y cantar con una pronunciación nada de irlandesa, en algo que más parece una proclama que una canción pop.
Siempre montado en su guitarra, cuando enciende las luces, Leonard Cohen y hasta The Flaming Lips dicen presente en su primer larga duración: Becoming a Jackal. Bucólico, hay que escucharlo con calma para entender que la melodía sigue siendo un mineral precioso, escaso, pero todavía lejos de extinguirse. “Ultimamente, he aprendido que una canción no es una cosa aislada. Tienes que lavar los platos antes de escribir una canción. Nunca debería tomarse tan seriamente. Debería tomarse con alegría y humor, con cariño independiente de lo que se trate”, opina en su Myspace.
Lanzado a mediados de mayo, el debut de Villagers es otra apuesta prometedora del sello Domino (¿cuántas van ya?) y lo está mostrando en una gira que pasa por Londres en estos días. Mientras, este joven dublinés espera por lo que el galardón más importante de la música británica, el Mercury Prize, diga de su disco. Definitivamente, una de las revelaciones del año.








