Punk, oportunismo y muerte

Empresario, músico y productor británico, Malcolm McLaren fue mejor conocido por haber tomado las riendas programáticas en la carrera de los Sex Pistols. Único, revolucionario, rompedor y vanguardista, el punk perdió a uno de sus más legendarios estandartes cuando hace dos semanas un cáncer pulmonar terminó con su vida. Tenía 64 años.
Para unos, McLaren fue un visionario, para otros un tiro al aire y un oportunista. En cualquiera de los casos, un hombre que siempre se atrevió a guiarse por sus impulsos. En algunos momentos, la suerte estuvo con él y lo llevó a ubicarse en el lugar preciso, en el momento correcto. En otras oportunidades siguió la corriente un rato y sobrevivió. Su gran acierto fue haber convencido a un grupo de punkies británicos de tomarlo como productor y hacer que su corta carrera musical se hiciera memorable: los Sex Pistols.
McLaren fue siempre reconocido como un excéntrico. Gustaba de sonrojar a la sociedad británica, aún más tiesa y siempre sensible a escandalizarse con todo. Por ello es que en plena época conservadora instaló, junto a su esposa de ese momento, Viviene Westwood, su boutique Let it Rock, que luego pasó a llamarse Sex.El lugar rompió todo esquema convirtiéndose en pieza clave de la estética new wave. «En mi tienda ‘Let It Rock’ vendía principalmente indumentaria propia del rock’n’roll y lo más extraordinario era que todas las estrellas de entonces (Rod Stewart, Gary Glitter, Ringo Starr, David Bowie o Mick Jagger) venían a la tienda a comprar precisamente lo que ellos mismos estaban inspirando en la juventud británica. Me encontré en la peculiar situación de estar vendiendo ropa a las estrellas del rock, lo que no resultaba muy interesante para cumplir mi propósito. El mercado que buscaba era el público más joven.», señaló alguna vez, probablemente contradiciendo lo que todo el mundo veía: un tipo que estaba marcando una tendencia a pesar de sentirse absolutamente insatisfecho con ello.
Reconocido por su poder de manipular a la gente, incluso llevó a los New York Dolls a vestirse de cuero rojo y salir a tocar con la bandera comunista de fondo, en una fase política mundial bastante especial. De hecho, luego de ese corto periodo de representación de los estadounidenses, fue cuando dio en el clavo. En 1975 conoció a los Sex Pistols y los transformó en los voceros del descontento de los jóvenes de esos años, en plena época de una Margaret Thatcher derechista y peligrosa. McLaren recordó así el periodo: “sin esa forma salvaje de hacer política que había llevado a la juventud inglesa casi a la desesperación a finales de los años setenta, jamás habría creado a los Sex Pistols”. Muy recordado es el concierto que dio la banda ícono del punk sobre un barco en el Támesis, frente al Palacio de Westminster en mayo de 1977, en pleno jubileo de la Reina de Inglaterra. Tocaron con todo “God Save the Queen”, y terminaron, tanto ellos como su productor, presos y catapultados a la inmortalidad.
Los problemas que tuvo después con la banda fueron conocidos. Se dice que no se preocupó del bienestar de sus músicos y que se hizo millonario a costa de adelantos que le daban las disqueras interesadas en los Pistols. Luego de una gira por Estados Unidos, Johnny Rotten despertó del letargo y lo llevó a juicio, ganando a ojos cerrados. Pero lo que se diga o haga a estas alturas da igual, la fama ya estaba hecha.
Cuando sintió la mala onda en Inglaterra, se fue de regreso a Estados Unidose en donde comenzó a prestar oídos a los hip hoperos, sacándolos de los suburbios y creando un nuevo producto musical masivo, intentando incluso representar a los Red Hot Chili Peppers, cuando recién comenzaban. Ellos se negaron y McLaren siguió su rumbo. En el plano musical optó por hacer carrera solista y sacó dos discos Duck Dock (1983) y Waltz Darling (1989), con los que no pasó mucho, pero se mantuvo vigente. Seguía en el inconciente colectivo, como siempre logró hacerlo con sus ingeniosas ideas.
Luego de su muerte a comienzos de abril, han salido varias versiones sobre el motivo de su muerte. Versión formal es que murió de cáncer al pulmón, pero su compañera por 12 años Young Kim, estaba segura que podría haber muerto a causa de la exposición al asbesto, en los años ’70. Nunca se sabrá la verdad, tal como pasa con todos los grandes. Sin embargo, a pesar de todos los posibles detractores y enemigos que haya generado en su vida, McLaren logró un minuto de silencio en su memoria y variados homenajes. Su hijo se refirió a la difícil relación que tuvieron ambos, pero aclaró que lo había entendido por lo complicado de la niñez de su padre, titulando su nota para The Guardian como “Malcolm McLaren, mi revolucionario, caótico, brillante y jodido padre”. Finalmente, todos lo perdonaron y hasta Johnny Rotten nos aconseja “Echaré de menos a Malcolm McLaren y así deberían hacerlo todos”. (Soledad Evans)








