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Entrevista a Hyperpotamus en Toronto: “Me lancé al vacío”

Jorge Ramirez Escudero es Hyperpotamus, un solista que sólo se sirve de su voz para expresarse. Nada de instrumentos, sólo su arriesgado timbre de voz y desconfianza en las cuerdas, percusión o en cualquier cuerpo ajeno a su inquieta garganta.

Imaginen esto. Un lugar desconocido ampara al espectador curioso. No hay más claves que sutiles sonidos que comienzan a aparecer de forma irregular, pero constante. Se superponen. Saltan unos sobre otros peleando su lugar en el escenario. A poco andar esta sinfonía de lo espontáneo cobra carácter y personalidad. Ya no se está en casa. Lo único que se puede hacer es esperar que ese español flaco que salta alrededor de tres micrófonos sea tu guía en ese viaje, lo cual no es ninguna garantía.

Jorge Ramirez Escudero (28), alias Hyperpotamus, sólo confía en su voz para expresarse. Con ella va creando distintas capas sonoras que va repitiendo con una pedaleras de loops, jugando un poco a la hipnosis. Se balancea entre el hip hop, el soul y lo absurdo. Se golpea el cuerpo y le saca sonidos a lo que lo rodea, en su propia forma personal de revelarse ante la guitarra, el bajo y la batería.

“Encontré que el formato tradicional de hacer rock estaba pareciéndome cansino. Eso, más una mala experiencia con la discográfica que trabajó con mi último grupo me enseñó que nadie va a hacer mejor las cosas que tú”, señaló Hyperpotamus, durante su gira norteamericana que lo llevó por Canadá y Estados Unidos el pasado mes de marzo.

La vida de Jorge ha estado marcada por los viajes y los cambios. Debido al trabajo de su padre en la banca internacional, la ciudad de Tokio lo vio nacer y sus correrías de niño/adolescente fueron vistas por las calles de Bilbao, Londres, Bruselas y Madrid, lugar donde finalmente se estableció. Sin embargo, en 1992 el solista español detuvo sus pasos en Santiago de Chile a la edad de 11 años.

“Anduve por La Serena y el Valle del Elqui en el norte, mientras que hacia el sur llegué hasta la laguna San Rafael. En Chile además empecé mi relación con el sexo opuesto. Fue un salto cualitativo fuerte. No sé si por la edad, o porque en Chile se da más lo de buscar polola y demás, pero para mí fue así. Además, me acuerdo mucho de mis compañeros de colegio”, recuerda.

Su padre vive hace un año y medio en Chile y es dueño de la librería Ulises ubicada en Providencia. Jorge dice que tiene una visita pendiente a nuestro país, ocasión en que le encantaría mostrar su música. “Chi, chi, chi, le, le, le, Hyperpotamus en Chile. Hago música a capella para alegraros la vida”, dice.

Con muy poco
Cuando se le pregunta por el origen de su estilo, el hombre recuerda tres cosas de hace un par de años: la experiencia trabajo-lisérgica de 24 horas en un festival de música, gente drogada y picaduras de medusa africana: “Estaba hecho un asco. Como no podía dormir, comencé grabarme con un ordenador que tenía a mano. Lo que ocurrió después fue una epifanía. Me di cuenta que lo que acababa de hacer (una grabación proto-Hyperpotamus) era lo mejor que había hecho nunca”.

Desde ese momento la autogestión fue el camino elegido por Ramírez Escudero. Comenzó a mostrar su arte en las estaciones del metro de Madrid donde la gente reaccionaba diciéndole “Justin Timberlake”, dándole dinero a cambio de que cantara “Cumpleaños Feliz” o simplemente escuchándolo. Para Hyperpotamus, la calle transformó el experimento en realidad: “Fue de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Es gratis, te das a conocer, y encima, si tienes suerte, te pagan. Además, estás expuesto a la mirada juzgadora de extraños y no puedes hacer nada más que seguir con lo tuyo”, reflexiona.

Tras seis meses comenzó a abrir para otras bandas y el proyecto se fue consolidando. En marzo de 2009 lanzó su primer disco: Largo Bailón, que contiene 12 canciones que nacieron de este proceso de independencia, en el sentido más amplio de la palabra: “Regularmente sentía euforia, vértigo y emoción. Empecé a rechazar lo impuesto y me lancé al vacío. Uno puede vivir la vida que uno desea vivir. Será más difícil que elegir caminos ya establecidos e implica riesgo (…) pero uno será infinitamente más feliz”

Hyperpotamus trata que cada una de sus canciones reflejen un sentimiento positivo bajo el lema de lo simple: “Una amiga me dijo que después de uno de mis conciertos pensó “Sí puedo” y bueno, en este tiempo de crisis constante viene bien un vitaminado de entusiasmo”. (Patricio Salazar; desde Toronto, Canadá)


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Comentarios
Ale Zúñiga Dice:

Para comprobar con tus propios oídos de qué va el sonido de Hyperpotamus, no olvides visitar: myspace.com/hyperpotamus


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