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El genio detrás de Mad Men

Publicado por N.Ubilla Para: Destacado, Tv. en Marzo 27, 2010  |  No Comments

A sus 45 años, Matthew Weiner es una estrella. Fan de J.D. Salinger y Billy Wilder, fue guionista de Los Soprano y su serie Mad Men -que transmite HBO en su tercera temporada-, la más premiada de los últimos años, es un brillante retrato del capitalismo y la soledad humana.

A comienzos de la década pasada, Matthew Weiner era un incipiente guionista obsesionado con un solo nombre: J. D. Salinger. Había leído “El Guardián en el Centeno” unas quince veces y el mundo oscuro y solitario de Holden Caulfield, el rebelde adolescente y protagonista, lo perturbaba. El rompecabezas se armó cuando ingresó a escena otro clásico del último tiempo: George W. Bush. Con él en su reparto mental, Weiner sintió que todo encajaba y comenzó a escribir en 2001, Mad Men, un piloto de una serie que definió como “la historia del siglo XX, es decir, la historia de la soledad y el aislamiento”.

En menos de seis meses, delineó los personajes y presentó su proyecto en todas las grandes cadenas televisivas estadounidenses. Pero nadie se entusiasmó. Salvo David Chase, el cerebro de Los Soprano, quien lo reclutó para que escribiera durante las últimas tres temporadas de los mafiosos. Unos años más tarde, AMC, un pequeño canal especializado en películas de los 40 y 50, apostó por realizar su primera serie propia y firmó a Mad Men. La historia -cuyo nombre viene de ser un “mad men” (hombre loco) y la calle Madison Avenue donde laboran sus protagonistas y cuya tercera temporada transmite HBO- gira en torno a la agencia Sterling Cooper, una oficina de publicidad a inicios de los 60, que funciona como un ecosistema de lo que vivimos hoy: hombres dispuestos a despedazarse entre ellos; que juegan a ser felices dentro de sus existencias miserables y tristes y, principalmente, que apuestan todas sus energías en generar riquezas e influir en el resto como si fuera lo más importante -y único- en la vida.

En este circo humano donde nadie triunfa jugando a ser conservador, sobresale Don Draper – el excelente Jon Hamm-, un veterano de Corea, nervio y alma de la agencia, capaz de acostarse con la que se cruce y que destroza su pasado para inventarse un futuro donde la ambigüedad moral es su característica. Junto a él, están su esposa, Betty Draper -January Jones-, una combinación entre Barbie y Grace Kelly, obediente, frustrada y que es un trofeo más que la compañera sentimental del protagonista; el arribista y patético Pete Campbell -Vincent Kartheiser-; el homosexual reprimido -y casado- Salvatore Romano -Bryan Batt-; la secretaria jefa, bomba sexual y ex amante de uno de los dueños, Joan Holloway -Christine Hendricks-; la ingenua y escaladora, Peggy Olsen –la brillante Elizabeth Moss- y el veterano capo de la agencia y que se casa con una secretaria 40 años menor, Rod Sterling -John Slattery-. “Mi idea con Mad Men era hablar de lo que sentimos íntimamente y eso a nadie le parecía glamoroso. Además, la cultura en la era Bush parecía retraída e impedía este tipo de series. El tema que realmente trato de mostrar y que quiero que se desarrolle a lo largo de las siguientes temporadas es el cruel final de la sociedad, de la gente joven, de que la prosperidad te hace mirar hacia otras cosas”, dice Weiner sobre su producto estrella que es la preferida de estrellas como Jack Nicholson, Paul McCartney y Jerry Seinfield, entre otros.

Durante su primera temporada, la serie tuvo 900.000 espectadores por capítulo, una cifra similar a la que obtuvo en su arranque otra de las imperdibles de la década 00: The Wire. Fue poco, es cierto, pero la crítica fue implacable. Ganó el globo de Oro y el premio Emmy como la mejor serie del año. Y, al año siguiente, tuvo su recompensa. La media de espectadores fue de 1.900.000 por episodio.

Más allá de los números, Weiner, un declarado fan de Hitchcock, edifica un tratado sobre la marcha del mundo y las relaciones. Similar a “El Apartamento” (1960) del maestro húngaro Billy Wilder, esos títulos iniciales de Mad Men -con música del hip hopero RJD2- donde un hombre cae al vacío en medio de vasos de whisky, familias felices, mujeres hermosas y autos último modelo es el verdadero retrato de la sociedad. La misma infelicidad solapada que comparte el resto: el equipo de jóvenes creativos desborda ansiedad, prepotencia e inseguridad y las mujeres son seres castrados, impedidas de tener fantasías ni aspiraciones y que, quiéranlo o no, están destinadas a compartir un solo rasgo: la soledad. Una radiografía que, a juicio del autor, no es muy diferente a la que se vive hoy, 50 años después. “No hay que ser clarividente para ver qué es lo que ocurre en las calles, en las casas o en las esquinas. Compartí por cuatro años una oficina con David Chase, de Los Sopranos, y él me animó a cultivar mi imaginación. En el fondo, los 60 fueron el antecedente de la miseria actual de las personas. Salvo, por un detalle: las ropas. Nada ha cambiado demasiado y todo se volvió más siniestro. ¿Qué me encantaría saber de ellos? Quiero saber su vida en 1972. Ahí podría dormir tranquilo”, cuenta Weiner a la revista inglesa Mojo. La campaña ya están en marcha: sólo faltan diez temporadas. (Felipe Rodríguez)

(HOY: HBO, 22:00 hrs.)


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