Esperando a Charlie Kaufman

Ha pasado más de un año de su estreno internacional y recién este 2010 podría ser el año del debut en los cines nacionales para la primera película donde el talentoso guionista Charlie Kaufman las hace también de director: Synecdoche New York.
El guionista norteamericano Charlie Kaufman nos ha sorprendido y confundido muchas veces con sus textos. La manera en que este judío ha escrito y puesto en escena a personajes confundidos y que no entienden el contexto de la vida real, ha sido uno de los grandes hitos que ha logrado su literatura fílmica. De la mano de grandes directores ha podido hacer que un talentoso actor como John Malkovic se termine preguntando quién es realmente en ¿Quieres ser John Malkovic? (2000) o mostrar a un Jim Carrey notablemente confundido y desconcertado frente a la cultura del olvido en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004). A estas pelìculas se suman El Ladrón de Orquídeas dirigida por Spike Jonze y Confesiones de una mente peligrosa de George Clooney, ambas del 2002.
En Synecdoche New York (que se mostró hace poco en el festival de cine Wiken), Kaufman crea a Caden Cotard, interpretado por Phillip Seymour Hoffman. Se trata de un director de teatro reconocido que ha decepcionado a su mujer, una artista plástica que pinta cuadros diminutos para ver con lentilla de aumento. Cuando ella lo abandona, él gana una beca para realizar una obra de teatro que se plantea como una imperiosa obra maestra, ambición que lleva a Cotard a un juego interminable de la representación de la vida dentro un hangar, donde recrea la cuidad de Nueva York al detalle. Siempre con la idea de complacer a su ex mujer.
El personaje pretende encontrar explicaciones en su comportamiento, creando una gran obra sobre su vida y su actuar cotidiano para así entender quién es realmente y dónde está su familia. La película es una búsqueda personal de un tipo que no entiende el porqué de las situaciones y la enfermedad que comienza a deteriorarlo físicamente. En varios sentidos materializa un ejercicio de vida que varios llevamos a cabo pero sin darnos cuenta.
En una entrevista a suscriptores del diario El País de España, Kaufman describió la experiencia de dirigir por primera vez. “Escribí el guión para que lo hiciera Spike Jonze. Cuando lo iba a hacer empezó a rodar otra película y yo no quería esperarle unos años. Así que le pedí que si la podía dirigir. Creía que podría hacerlo, es un guión muy personal, como todos los demás. Creía que nadie entendería el guión como yo lo haría. Y eso es lo más importante que le puede pasar a una película. Que el director sea el que mejor entienda el guión sobre él que trabaja”.
La experiencia con el mismo Jonze o con Gondry le sirvió en este personal salto al vacío. “Los dos fueron muy colaborativos en sus rodajes. Pude participar mucho en el proceso de producción y post-producción. El hecho de verles rodar y el hecho de ver lo que se hace, me hizo tener algo de experiencia y un poco de seguridad a la hora de hacerlo. De hecho, creo que la seguridad es una de las cosas más importantes a la hora de dirigir. Mis influencias son lo que pienso cuando escribo. Trato estar lo más abierto que puedo a la hora de escribir. Mi método es dejar que las ideas se gesten. Dejar que las ideas, el guión, vaya en la dirección que quiera ir. Intento no tener nociones predeterminadas sobre lo que va a ser. Empiezo con temas, ideas y después trato de explorarlas. Voy a las cosas, las cosas vienen a mi cabeza… es algo que a lo mejor me viene de algún desorden de tipo obsesivo pero creo que es útil a la hora de crear”.
En general, las características de sus tramas tienen que ver con la incomprensión de un mundo externo y la marginalidad sentimental e intelectual que experimentan sus personajes. Su última cinta, por supuesto, no es la excepción a esta regla. (Francisco Méndez)








