Magnetismo Gainsburg

Su voz suave no engaña y nos dice sin vergüenza de donde viene. Pero hay más. El tercer larga duración de la actriz y cantante la une a Beck en un cóctel de tonalidades folk y pop de la más alta costura.
Lanzado a fines del año pasado, IRM (en referencia a las siglas que resumen las decenas de resonancias magnéticas que tuvo que efectuarse después de un grave accidente de ski acuático), está lejos de ser un capricho de una chica bien que no sabe qué hacer con su fama y dinero. Si antes se había internado dignamente en colaboraciones con la gente de Air, Jarvis Cocker y Nigel Godrich, para su disco 5:55, lo que consiguió con IRM la ubicó, según la prestigiosa revista Les Inrockuptibles, como la autora de uno de los mejores discos del año. Y ojo, que se trata de un álbum que todavía tiene varios singles para tirar a la parrilla.
Lo de la última ganadora como mejor actriz principal en el Festival de Cannes, comenzó musicalmente hace rato, en 1983. Aquella voz tímida apareció en el disco de su padre, Serge, bautizado como Love on the beat y no careció de polémica. El tema que interpretaban a dúo se llamaba nada menos que Lemon Incest y en la parte que cantaba el gran amante francés, él le hablaba a su contraparte sobre “el amor que nunca haremos juntos”.
De lo que ahora tiene para mostrar Gainsburg, con muy poco que justificar en las tablas y en el celuloide, es un larga duración que atraviesa caminos de baladas rock-folk, atajos de blues inquieto e incluso paradas de dance-punk. El resultado de lo producido por Beck es de un eclectisismo finamente facturado donde destacan, entre otros, IRM, Trick pony y Heaven can wait, y que no deja de sorprender incluso a los más escépticos. A lo mejor usted es uno de ellos. (Raúl Morales)








