El retorno del ilusionista

Lo nuevo de Paul Auster nos devuelve al mito contemporáneo en plena forma, justo cuando nadie daba un peso por él.
Las ultimas novelas de Paul Auster, principalmente Viajes por el Scriptorium y Brooklyn follies, habían llevado a muchos a decir que los recursos estilísticos de Auster se habían agotado. Todo indicaba que se había secado el pozo y que las historias ya no fluían de manera tan natural como en Trilogía de Nueva York o Leviatán, ahora parecía ser que todo se reducía a contar por contar, sin claras expectativas sobre las historias. Pero cuando la obra de Auster dejaba entrever que los buenos tiempos habían pasado, vuelve a tocar la cumbre con su última novela: Invisible, un trabajo que no podríamos dejar de clasificar como una magistral clase de buena literatura.
Estructurada en cuatro capítulos, Invisible nos lleva desde el Nueva York de 1967, a Paris y las Antillas. Adam Walker, su protagonista, es un estudiante de literatura de la universidad de Columbia que lucha por ser un escritor profesional, hasta que un dia conoce en una fiesta universitaria una pareja de franceses que cambiarán radicalmente el apacible rumbo de su vida.
Los personajes de Auster siempre son arrastrados por la causalidad, el tiempo y el azar, un torbellino que cruza todas sus novelas. Invisible no es una excepción a esa regla. Auster no sólo demuestra sus refinadas posibilidades estilísticas al presentarnos varias voces narrativas, sino que también un argumento que nos habla del miedo y la culpa que pueden aparecer en cualquier momento para cambiar todo a su alrededor. Al mismo tiempo, la última del oriundo de Newark, Nueva Jersey, es una novela erótica que describe el despertar sexual de una generación, los limites del amor y el incesto.
Auster está devuelta y con una novela magistral que nada tiene que envidar a sus mejores obras, uno se deja llevar suavemente en ese flujo de historias que hace tiempo no lograba con tanta claridad. (Victor López)








