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Las mezquindades de Avatar

Publicado por N.Ubilla Para: CINE en Diciembre 21, 2009  |  No Comments

Muchos pero muchos millones al servicio de un argumento pobre, carente de profundidad y sutilezas. Esto daría lo mismo si es que su creador y la prensa cinematográficamente industrializada, no nos hubieran vendido Avatar como un punto de inflexión en el género al que pertenece, digno de un director legendario que esperó 12 años para concretar su más ambicioso proyecto.

Avatar es una película visualmente fascinante. Pero eso no basta. Tal vez fue el inesperado viento helado a la salida del Hoyts elegido para la ocasión, lo cierto es que lo primero que me pregunté después de las más de dos horas de metraje que dura última apuesta de James Cameron, es qué sería del patriarca fílmico de Terminator si en vez de 500 millones de dólares para su próximo proyecto, le entregaran US$10 mil. Pasaría poco yo creo, porque Cameron tiene la sensibilidad de una puerta. Con más o menos ceros, esto no es una cuestión de dinero.

En muchos medios se ha destacado el contrapunto o los matices que suponen la visión pro ecológica y antiarmamentista de una historia ambientada en una luna llamada Pandora, en el año 2154, y donde un preciado mineral se esconde para el interés de unos cuantos. Ese discursillo semireciente de que tal o cual filme pone en tela de juicio la forma de ser imperialista de los Estados Unidos, volvió a emerger en Avatar, y con él, otros aspectos tangenciales al argumento central, presentados con diálogos pueriles y tomas específicas que exhiben de manera obvia lo que el espectador intuye sin ayuda: la ambición desmedida por la riqueza, el contraste entre ciencia y negocio, entre sensibilidad y embrutecimiento. Lo estereotipos abundan y ahí es donde Avatar flaquea.

Sucede que una minera busca extraer el precioso unobtainium y para asegurar el suministro, una poderosa fuerza armada se mantiene en permanente alerta respecto a los nativos: los Na’vi. Estos seres de tres metros, conectados de manera jamás vista con su entorno natural, representan el único obstáculo para el personaje de Giovanni Ribisi y los suyos. Hay dos alternativas, o se los somete por la fuerza o se los convence de retirarse para así sacar el mineral en cuestión. Para llevar esto a cabo, el departamento científico del proyecto empresarial infiltra nativos que son controlados mentalmente por humanos. Estos “avatar” tienen su buque insigne en la figura de Jake Sully, un marine parapléjico que toma el lugar de su hermano ante la promesa de ser operado y volver a caminar. Será él quien plantee el conflicto más interesante de una película que anuncia el portentoso enfrentamiento final casi desde la primera escena. ¿Meritorio?, claramente no.

Ahora bien, calma. Nadie sentirá que está perdiendo dinero con Avatar. La experiencia fílmica es notable y el mentado condimento 3D vale la pena. Sin embargo, lo positivo también deja un hueco bastante profundo para llenar. Aquí parafraseo al comentarista especializado de La Tercera, Pablo Marín, quien describió el sabor de boca final con elocuencia: “Los trucos pasan, las debilidades quedan”. (Roberto Haindl)


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