El hambriento debut de Surfer Blood

Aún cuando queda poco más de un mes para el lanzamiento de su primer disco, Astro Coast, la web y las tocatas en toda la costa oeste de los Estados Unidos ya bailan con los compaces frescos de la enésima banda nacida en las aulas universitarias.
Una vez más un grupo de estudiantes. Sí señor y estos vienen de California e hicieron sus primeras armas en las mismísimas habitaciones de su alma mater (University of Florida). Su nombre hace más referencia a lo que odian que a lo que aman, burlándose del ondero dramatismo de la cultura surfista de aquel lado de los Estados Unidos. Su música es a ratos una cruza entre The Shins y Weezer, con arreglos rockeros que ganan cuando aparecen los matices.
Su primer LP, Astro Coast, muestra convencionalismo en los primeros temas, así hasta que aparece un track como Take it easy para salvarlo todo. Una mezcla de ska y reggae (con algo del estilo de Vampire Weekend para condimentar) que anticipa la fórmula: pop que crece a lo bola de nieve en temas que parten inofensivos para terminar a gran altura (Harmonix, Slow Jabroni). No siempre la voz de John Paul Pitts, líder del quinteto, suena igual; hay efectos, resonancias y bases muy sutiles debajo de guitarras ruidosas, todo eso y una sensación de que su manera de recoger influencias es bastante inteligente teniendo en cuenta su tempranera edad.
A su favor, hay que decir que el estilo de una placa que será puesta a la venta oficialmente el 19 de enero del próximo año, no sigue la moda garage. Surfer Blood suena como si a los Beach Boys los hubiera golpeado un meteorito, transformándolos en una banda oscura y vitalmente deprimida. (Raúl Morales)








