The Killers, pasión de multitudes

Con apenas tres discos, The Killers es uno de los grupos más populares del rock actual. Simpatizantes de George W. Bush, admiradores de U2, Bowie y Bruce Springsteen y reacios a las drogas y el alcohol, el cuarteto quiere ser la próxima gran banda de estadio.
Habían pasado tres meses grabando “Day and Age” (2008), su tercer disco, y querían diversión. Por eso, aceptaron la invitación de una revista inglesa y viajaron a Londres. De pronto, una persona con una máscara de Alice Cooper le estiró la mano a Brandon Flowers, el vocalista de The Killers. El cantante lo miró y, ante la duda de si responder o no al saludo, el tipo se quitó la máscara y le dijo: “Hola, soy Paul McCartney y me gusta tu música”. Flowers quedó sorprendido y sin palabras. Uno de los más grandes de la historia estaba alabando sus canciones. “Es algo que le podré contar a mis nietos”, dijo el líder de The Killers.
Desde que arrancaron con “Hot Fuss” (2004), un álbum pegajoso y que rendía tributo al rock independiente de los 90, The Killers viajó sin escalas a la gloria. Durante la gira promocional de ese disco tocaron en locales para 400 personas y, tras los shows, se quedaban dialogando con los fans. Ahora, sólo cinco años después, la historia es distinta. The Killers -quienes actúan por segunda vez el 29 de noviembre en el Movistar Arena- se presentan ante 15.000 personas, no hablan con los fanáticos y las fotografías de sus conciertos son tomadas exclusivamente por un fotógrafo que los sigue a todos lados. “Es una manera de profesionalizar nuestro trabajo. No es como dicen algunos, que se nos subieron los humos a la cabeza. Queremos que nuestros shows sean eficientes. Nada más”, cuenta Flowers a la revista francesa Los Inrockuptibles.
Su caso es atípico. Porque The Killers se formó en Las Vegas, un lugar inhóspito para el rock y donde los turistas sólo asisten a los casinos. Con el disco debut, vino el éxito. Alabanzas de la crítica, un par de hits para poner en un almanaque -Mr. Brightside, Somebody Told Me- y la esperanza de ser el nuevo diamante en bruto del rock. Para el segundo álbum, “Sam’s Town” (2006), el cuarteto puso sus condiciones. La foto de la portada, a petición de la banda, fue registrada por Anton Corbijn -quien trabajó con Echo and the Bunnymen, U2 y Depeche Mode, entre otros y que dirigió “Control” (2007), la película sobre Joy Division-, además, tuvieron a Flood y Alan Moulder, dos productores de primera división, y edificaron un rock tan grandilocuente como épico que buscaba mirarse en el espejo de U2. Pero el resultado no dio la respuesta prevista. La crítica fue lapidaria y los mismos fanáticos que adoraron su primer trabajo, terminaron renegando de estas nuevas canciones.
El fracaso, además, fue el click en la cabeza de Brandon Flowers. Dejó las fiestas, se transformó en un mormón practicante -asiste a la iglesia-, rechaza las drogas y el sexo extramatrimonial y sufre por dejar a su mujer y su hijo Ammon –bautizado así en honor a un misionero mormón- cada vez que sale de gira . “Creo que ahora probablemente siento menos culpa y, también, siento que estoy más saludable que nunca”, sentenció en la revista Rolling Stone. La radicalidad de su nueva vida, también, tuvo un factor discordante. Aunque asegura que votó por Obama, en entrevistas manifestó que era cercano al partido republicano y que Bush Jr. era un buen hombre; también mostró simpatías por la candidatura de John McCain. “McCain es una persona que se la jugó por el país, que lo defendió y eso, a mi juicio, siempre será un mérito. Admiro a los patriotas”, afirmó al diario The New York Times.
Si los giros en su personalidad fueron violentos, Flowers, el ideólogo y alma de The Killers, también le imprimió cambios a su último disco. El rock pomposo quedó en el armario y en su lugar incluyó melodías synth pop, homenajes a David Bowie, New Order y Bruce Springsteen y a la década en boga: los 80. Porque en la luminosa melancolía de “I Can’t Stay”, el pop certero con guiños a New Order de “Losing Touch” y el tributo a Hunter S. Thompson en “Human”, The Killers condensa sus canciones más transversales y busca conseguir su sueño: ser la próxima gran banda de estadio. Tal como sus venerados U2. “Jacques Le Cont, nuestro productor, me lo dijo cuando empezamos a trabajar en este disco. ‘Madonna y tú se parecen mucho’. ¿Por qué?, le pregunté. ‘Porque están convencidos de triunfar en la música’. Lo miré y lo asumí: siempre he querido ser el mejor”. (Felipe Rodríguez)








