El último de Fuguet: Missing

El escritor ajusta el retrovisor y mira hacia atrás en su nuevo libro.
A ratos más vestido de periodista que de escritor, el autor de Mala onda le echa un vistazo a su metro cuadrado. Su familia y su historia más personal diseminada en su último texto: Missing.
Alberto Fuguet hace un tiempo que ya no es el niño terrible de la literatura, uno que escribe justamente de niños terribles como pasó en Mala onda a principios de los noventa, en donde hablaba de Matías Vicuña, un niño que creció en dictadura y tenía muy poco claro qué significaba eso y el contexto en el que había nacido.
Este 2009 Fuguet vuelve para hablarnos de buscar, encontrar y sentirse perdido. Esta vez Fuguet utiliza una prosa más madura, pero no por lo mismo menos rebelde de lo que significa para él su familia y su historia personal. Trata de rearmar ese grupo tan cercano y su conexión con ellos por medio de la figura de Carlos: un tío que encarnó la figura de oveja negra de los Fuguet hasta que un día cualquiera decidió escapar. Vivir.
La familia tanto para el autor como para el personaje principal del libro, es algo que puede dejarse de lado y también ser muy necesaria. Por un lado es bueno dejarla de lado cuando se necesita respirar, ser libre y ser capaz de formarse como persona fuera de los problemas que muchas veces acarrean las relaciones humanas. Pero también es necesaria cuando requieres saber de dónde eres y dentro de qué núcleo de personas te criaste y bajo qué conductas y actitudes. Eso es lo que intenta averiguar el autor durante todo el libro.
Las páginas de Missing consiguen transmitir tristeza, sofocación, pero también logran que la libertad y el desaparecer sean opciones de vida y de reformulación. El hecho de desaparecer, de no existir para tus seres cercanos es algo que el tío de Alberto necesitaba y de lo que quizás nunca se ha arrepentido. Sólo así pudo experimentar más allá de malas sensaciones y amarguras en un entorno que él no entendía porque en el fondo no era capaz de entenderse a si mismo.
La relación puntual de Carlos y Alberto con sus respectivos progenitores, es algo muy marcado en el libro. Desolación e incomprensión son dos conceptos que cruzan a todos los miembro del núcleo familiar. Ahí, todas las relaciones están marcadas por el alejamiento y las reconciliaciones interiores y exteriores, con parientes con los que ni siquiera se hablaban.
Vivir con más fuerza una vida más libre y plena, es algo que algunos hacen y otros simplemente observan desde afuera, deleitándose con la historia. Los primeros son quienes nacieron para ser personajes como Carlos, y los segundos son son quienes nacieron para relatar estas historias y plasmarlas en páginas que pueden terminar convertidas en un libro. (Francisco Méndez)








