El hombre detrás del monumento al Papa

De extrema derecha, Luis Cordero, el vicerrector de la U. San Sebastián fue discípulo de Jaime Guzmán, uno de los creadores de la UDI. También es una de las personas que ha acumulado más riqueza en Chile en los últimos 20 años y ahora, como si nada, quiere colocar una figura de Juan Pablo II de 13 metros de altura en la comuna de Recoleta.
A fines de los 70, Jaime Guzmán, el arquitecto intelectual de la dictadura, era un hombre con un poder abrumador. Se había distanciado de su mentor, Jorge Alessandri -quien lo criticaba públicamente por sus ansias totalitarias-, y Pinochet, abducido por su maligna inteligencia, lo había llamado para diseñar la Constitución de 1980.
En ese mismo periodo, Guzmán andaba reclutando jóvenes para adoctrinar y formar una fuerza política ultraconservadora que reivindicara la obra de la dictadura. Así, sumó a Pablo Longueira, Juan Antonio Coloma, Andrés Chadwick y Luis Cordero, entre otros. Todos compartían la misma estirpe social, menos uno: Cordero. De clase media baja, éste último tenía facultades que Guzmán, siempre zorro, captó de inmediato. Era ambicioso, resolutivo, organizado -fue el líder de un movimiento fascista llamado Unión Frente Nacional- y, por sobre todo, un gran admirador del general golpista.
La hábil muñeca de Cordero lo hizo ascender rápidamente los escalones del poder. Fue uno de los creadores de la UDI y el encargado de evangelizar a las poblaciones más desposeídas con el pensamiento de extrema derecha de ese naciente partido. El éxito de este trabajo no pasó inadvertido para Guzmán. Se transformó en su brazo derecho, se lo presentó al dictador, quien sorprendido con su trabajo en las poblaciones lo nombró , primero, como su asesor personal y, posteriormente, lo instaló en el directorio de TVN.
Con ese nivel de contactos, Cordero disparó su poder económico. Acérrimo crítico del divorcio y el aborto -tal como lo fue, curiosamente, Juan Pablo II- y Opus Dei, la llegada de la democracia cambió sus planes. Convencido que la mejor manera de propagar su pensamiento político era a través de la educación, compró junto a otras personas asociadas a la UDI –entre los que se cuentan el dueño de Copesa, Alvaro Saieh-, la Universidad Andrés Bello y el Instituto AIEP. Hace algunos años, partió con un proyecto personal en Concepción: la Universidad San Sebastián –donde es vicerrector-, que tiene en la junta directiva a su hermano Patricio, al general (R) Ernesto Videla –quien fue subsecretario de Relaciones Exteriores del Chile de Pinochet cuando todo el mundo le daba la espalda al país por las torturas y muertes- y Andrés Navarro, el creador de Sonda y artífice de la tarjeta Bip del Transantiago.
Como este negocio fue tan fructífero, cambió sus planes. Se deshizo de la Universidad Andrés Bello en U$ 70 millones, pero no vendió los terrenos, los cuales arrienda a los nuevos propietarios. Pero su gran apuesta es la llegada de la San Sebastián a Santiago. Con tres torres de 19 pisos en pleno barrio Bellavista, la jugada de Cordero es opacar a uno de los monumentos más republicanos del país: la facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
Allí, y amparado en una comuna dirigida por una persona de su partido –la UDI Sol Letelier, quien aprovecha de lucrar con esa construcción para Recoleta-, Cordero se aprovechó de las exenciones tributarias de los medios educacionales. Con los millones en sus manos, quiere transformar ese barrio: instalar mil estacionamientos subterráneos, sacar la feria artesanal que se ubica allí por años y someter a los transeúntes a una figura de Juan Pablo II de 13 metros –construida, por cierto, por su hermano Daniel-, que le costará apenas 400 millones de pesos. En el fondo, es un negocio encubierto bajo la educación y la religiosidad y que dará paso a una visión apocalíptica. Que cualquier ciudadano llene de estatuas de abominables tamaños las plazas públicas, paseos peatonales y ferias libres bajo un solo pretexto: el poder del dinero. (Martín Solís)
fascismo ilustrado
mussolini is not dead
me da asco todo ese conservadurismo y discurso de mentes compactas








